Archivo F.X.



Se trata de poner en marcha algunos mecanismos del conocimiento colectivo, de esos que en cierta jerga se conocen como "general intellect". Que el motor de ignición sea, en este caso, el gesto iconoclasta no solamente corrobora el objeto de los trabajos del Archivo F.X. sino que ahonda en la relación que establecen, ahora mismo, el mundo con las imágenes que lo representan.

Tomemos alguna secuencia histórica reciente: la destrucción de los Budas de Bamiyan, el ataque a las "Twin Towers", el derribo de la estatua de Sadam en los arrabales de Bagdad. Nunca como hasta ahora se había fetichizado tanto el gesto iconoclasta hasta el punto de convertirse en un sustituto del acontecimiento real, la formalización verdadera de los sucedidos históricos, la amenaza fantasma a cualquier promesa de felicidad para la comunidad. El nuevo ídolo es un ídolo roto.

Además, ahora es la imagen, y no el verbo, la que se ha hecho carne, no podemos olvidarlo. Nadie puede obviar, por muy vacía que queden algunas palabras ante cierta grandilocuencia retórica, que las imágenes se han convertido en uno de los principales instrumentos para el control biopolítico del cuerpo social.

¿Cómo proponer fórmulas de conocimiento nuevas que nos ayuden a salvar esta paradoja, herramientas que sean capaces de devolver la misma paradoja contra la línea de flotación del poder que estos nuevos ídolos sustentan, útiles políticos con los que disuadir la historia única que escriben el capital, la tecnociencia y los media?

Tratándose sobre todo de construcciones icónicas parecería lógico buscar estas herramientas en el campo de las artes visuales, pero hace tiempo ya que, afortunadamente, las imágenes han dejado de ser un trabajo exclusivo para los artistas u otros actores de la cultura visual. Es la comunidad en su conjunto la que administra y es administrada por las imágenes, las prácticas y las leyes del imperio de lo visual.

De alguna manera estos laboratorios del Archivo F.X. pretenden devolver trabajo a la comunidad en que se insertan. En diálogo permanente con Sevilla, la ciudad desde la que los archivos viajan, se pretenden realizar dos movimientos. Uno, hacia delante, proponiendo con Laboratorio T.V. el concurso de diversas singularidades de la comunidad para construir un mecanismo de conocimiento sobre las imágenes de la iconoclastia que gobiernan nuestra iconosfera. Otro, hacia atrás, recuperando con Laboratorio Sevilla un conjunto de aproximaciones que, desde las artes modernas y de vanguardia, reescriben las relaciones de lo sagrado y la ciudad.

Sé villa. Hazte ciudad. Ante este imperativo parece que la ciudad de Sevilla puede servir bien de ejemplo de esa dimensión de la comunidad que en algún momento representó la ciudad moderna. La fama de Sevilla como ciudad iconodúlica es un mito que nos sirve además de forma instrumental. Un mito alimentado por esa misma paradoja entre iconofilias e iconofobias.

Por otro lado, en Panegírico, Guy Debord proclama Sevilla como campo experimental ejemplar para encontrar fórmulas de resistencia frente al espectáculo. En La multitud y la metrópoli, Toni Negri la sitúa como laboratorio para la creación de nuevas fórmulas en la lucha política. Los que vivimos en ella desconfiamos ante tanto entusiasmo, sin por esto negar nuestro trabajo para con la comunidad que viene.

El Archivo F.X. desarrolla mecánicas de conocimiento, prácticas artísticas y herramientas políticas de tipo diverso alrededor de un archivo de imágenes de la violencia iconoclasta, de carácter político y antisacramental en España, entre 1868 y 1945, clasificadas con términos procedentes del amplio campo semántico de las artes visuales modernas y de vanguardia -obras, eventos, movimientos, grupos, colectivos, instituciones, revistas, artistas, etc.- en su más radical expresión.