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Juan Miguel Aguilera: La evolución del concepto de colonias y la visión de "El Otro" en mi trabajo y en la ciencia-ficción

Juan Miguel AguileraLa especie humana se debate entre el miedo y la fascinación por lo extraño y lo desconocido, un conflicto que está en el origen de la ciencia-ficción y que también puede apreciarse en los relatos de viajes a países exóticos o en la literatura orientalista. A lo largo de la Historia de la Humanidad, las situaciones de cambio y de desplazamientos masivos, han generado problemas de convivencia en los que emergen los sentimientos más negativos de nuestra especie: los prejuicios, la segregación, el racismo... En la actualidad, ya no existen barreras tecnológicas que impidan la comunicación física entre los distintos territorios del planeta, aunque eso no impide que pervivan, e incluso resurjan con gran virulencia, ciertas actitudes xenófobas. Además, el mundo se enfrenta a otro peligro: la tendencia a una homogeneización que diluye la diversidad cultural.

Cuando ya no quedaba nada nuevo que descubrir en la Tierra, el ser humano comenzó a plantearse la colonización intergaláctica. Así, en la segunda mitad del siglo XX se lanzaron las primeras misiones espaciales a la Luna y a Marte. "Somos monos curiosos, señaló Juan Miguel Aguilera durante su intervención en Suturas y fragmentos, que siempre intentan averiguar que hay detrás de la siguiente colina, del siguiente bosque (...). De ese modo salimos de África y ocupamos el planeta entero. Pero no tenemos intención de detenernos ahí". En cualquier caso, también somos monos depredadores que, como describe Ray Bradbury en Crónicas Marcianas, adaptamos a nuestras necesidades todos los territorios que ocupamos, incluso a costa de arrasar los habitats y las culturas locales (como demuestra la historia de las colonizaciones).

En este sentido, 2001: una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), reflexiona alegóricamente sobre la esencia de la naturaleza humana mostrando como una tribu de australopitecos (remotos antepasados del hombre) conquista una charca en medio del desierto tras expulsar violentamente de ella al grupo que la ocupaba (los "Otros"). El instrumento que simboliza el poder de la tribu conquistadora es un hueso-arma que, a través de una de las elipsis narrativas más emblemáticas de la Historia del cine, se convierte en un satélite-arma. "Parece que el sentimiento de desconfianza hacia 'El Otro', indicó Juan Miguel Aguilera, hacia el inmigrante, el extranjero o el bárbaro que viene a apropiarse de nuestro territorio (y que cuestiona nuestros valores y costumbres) ha quedado firmemente grabado en nuestros genes".

Esta tensa y conflictiva relación con "El Otro" centra el argumento de Rihla (que significa en árabe "relato de viajes"), la última novela que ha publicado Juan Miguel Aguilera. En ella, se describe el viaje que emprende en 1485 un erudito árabe musulmán de origen granadino, Lisan, al otro lado del Atlántico. Su primera forma de contacto con los habitantes de esas tierras (cuyas costumbres no lograba entender) fue a través de la violencia y del enfrentamiento, pero con el paso del tiempo consiguió establecer con ellos un relación mucho más compleja y fructífera. "Hay que tener en cuenta, precisó Juan Miguel Aguilera, que la primera consecuencia de un viaje es que expande nuestra esfera de percepción".

Este proceso de transformación personal a través del viaje también aparece en Guerrero, un proyecto cinematográfico que está realizando Juan Miguel Aguilera en colaboración con el gaditano Rafael Marín. En este proyecto se narran las peripecias de Gonzalo Guerrero, un marinero español que naufragó en 1511 en el Caribe. Tras pasar dos semanas arrastrado por la corriente, Guerrero encalló, junto a otros diez supervivientes del naufragio, en una playa solitaria donde fueron apresados por una tribu indígena que les ofreció en sacrificio a sus dioses. Sólo Gonzalo Guerrero y el clérigo Jerónimo Aguilar lograron escapar. Este último se mantuvo fiel a la fe cristiana y a la cultura occidental, pero Guerrero adoptó las costumbres y rituales locales (haciéndose, por ejemplo, tatuar todo el cuerpo), e incluso acabó luchando contra los españoles.

Portada del libro "La locura de Dios" de Juan Miguel AguileraLa literatura fantástica y los relatos de viajes han ocupado históricamente el mismo "nicho narrativo" que la ciencia-ficción, pues en los tres casos se describe la mezcla de fascinación y miedo que genera lo desconocido y se especula sobre las posibles reacciones humanas ante situaciones extremas y cambiantes. Por ejemplo, en la Edad Media, cuando los europeos no tenían una idea exacta de la ubicación de la India o de todo lo que había más allá de la franja norte de África, las historias que se contaban sobre aquellos territorios remotos, eran muy similares a las que aparecen en muchas novelas de ciencia-ficción (a medio camino entre la elucubración científico-testimonial y la pura fabulación delirante).

El protagonista de La locura de Dios (una obra de Juan Miguel Aguilera que obtuvo en 1999 el premio Ignotus a la mejor novela de ciencia-ficción española) es el filósofo mallorquín, Ramón Llul, que intentó explicar la fe en Dios mediante la ciencia y la razón, inventando incluso unos extraños artilugios mecánicos (antecedentes remotos de los actuales ordenadores). Desde un planteamiento teológico y moral asombrosamente moderno, Ramon Llul creía que cualquier ser humano podía alcanzar la vida eterna, sin que importara la religión que profesase, siempre que su comportamiento fuera recto y bondadoso. Una convicción (que en su momento se consideró herética) que le llevó a querer conocer y comprender la mentalidad y la visión del mundo que tenían otras culturas (musulmana, judía...).

El temor hacia una invasión alienígena que quiere destruir la civilización humana (empezando siempre por los grandes símbolos de la cultura occidental) cobra una dimensión muy especial en La guerra de los mundos (H. G. Welles). En esta ficción literaria (de la que Orson Welles hizo una célebre adaptación radiofónica) se narra la colonización del mundo por unos malvados alienígenas llegados desde Marte que aplicarían a los humanos el mismo trato vejatorio que los ciudadanos occidentales (el público objetivo de la obra) dispensaban a los indígenas de las colonias de Oriente. La película Independence Day sería una puesta al día ("un poco chapucera", matizó Juan Miguel Aguilera) de ese temor que provoca la mala conciencia en los ciudadanos de los pueblos colonizadores.

Carl Sagan distingue entre tres tipos de sociedades expansionistas: xenófilas (dispuestas a establecer alianzas y a cooperar con otras civilizaciones); reticentes (reacias a los contactos con otras culturas); y xenófobas (tratan de someter a los extranjeros hasta que consiguen esclavizarlos o eliminarlos). En la misma línea, el astrónomo soviético Nikolai Kardachev clasificó la evolución de las posibles sociedades alienígenas en función de sus necesidades energéticas. Así, mientras las sociedades englobadas en la categoría "Fase I" se limitan a explotar los recursos de su propio planeta, las que alcanzan la "Fase II" intentan además monopolizar la energía del sol más cercano. Finalmente las sociedades que están en la "Fase III" se embarcan en un vertiginoso proceso expansivo para tratar de acaparar todos los recursos energéticos de su galaxia.

Frente a ese expansionismo destructivo, Juan Miguel Aguilera imagina en su relato El bosque de hielo unos cometas situados más allá de la órbita de Plutón que disponen de abundante provisión de agua, carbono y nitrógeno (componentes básicos para la supervivencia de los seres vivos) y están cubiertos por frondosos árboles de miles de kilómetros de altura (lo que permite que sus hojas recojan la energía del lejano sol). En esas selvas intergalácticas habitan seres humanos que, al modo de sus remotos antepasados en el planeta tierra, se van trasladando de un sitio a otro saltando por las ramas de los árboles.

Juan Miguel AguileraJunto a Javier Redal, Juan Miguel Aguilera ha escrito tres novelas -El refugio, Mundos en el Abismo e Hijos de la eternidad- en las que describe la emergencia en un cúmulo de estrellas externo a la Vía Láctea de dos tipos de civilizaciones humanas completamente diferentes. Por un lado, una sociedad expansionista y guerrera que va conquistando otros planetas (arrasando sus habitats y las costumbres de las poblaciones locales). Por otro lado, una sociedad pacífica y autosuficiente que ha producido un ecosistema propio que le permite sobrevivir en el espacio gracias a la creación de una enorme esfera recubierta por bosques de vegetación adaptada al vacío. A través de esa esfera -que es como una "criatura viviente, como una especie de gigantesca Gaia"- aprovechan toda la energía que desprende una de las estrellas del cúmulo (y que les basta y sobra para sobrevivir).

El físico inglés John Desmond Bernal, que analizó la historia de la ciencia basándose en los principios del materialismo dialéctico, asegura que los tres enemigos principales del hombre son el Mundo (el frágil ecosistema terrestre que nos encierra en una superficie finita y vulnerable), la Carne (nuestras propias limitaciones físicas, como la vejez, la enfermedad o las necesidades corporales) y el Demonio (racismo, xenofobia, violencia..., todas las miserias y bajezas morales del ser humano). Juan Miguel Aguilera finalizó su intervención en Suturas y fragmentos leyendo un texto de John Desmond Bernal en el que especula sobre la posibilidad de que la necesidad de adaptarse a un entono extremadamente hostil (un espacio vacío y glacial) provoque que la estructura etérea del ser humano (el espíritu) sea lo único que sobreviva. En ese caso, escribe J. D. Bernal, podría surgir "una nueva forma de vida, liberada de todo soporte orgánico (...) e independiente de toda estructura ancestral". "Esa metamorfosis, añade, sería tan importante como la aparición de la vida sobre la Tierra y podría hacer que, en una última fase, la humanidad se transformara en luz...".