siguenos en:

Síguenos en FecebookSíguenos en Twitter

 

Inicio arrow Nueva derecha: ideas y medios para la contrarrevolución arrow Resúmenes de la intervenciones en el seminario Nueva derecha: ideas y medios para la contrarrevolución (I) arrow Conferencia de Juan Jesús Mora Molina: ¿Cómo construyen hegemonía los neocon?: dimensiones financieras, mediáticas y organizativas
Conferencia de Juan Jesús Mora Molina: ¿Cómo construyen hegemonía los neocon?: dimensiones financieras, mediáticas y organizativas

Juan Jesús Mora MolinaJuan Jesús Mora Molina, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Huelva y co-director del Programa de Doctorado "Pensamiento político, participación y ciudadanía" de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), analizó las distintas estrategias que han seguido los grupos neoconsevadores estadounidenses para tratar de implantar su hegemonía, tanto a nivel nacional como global. Lo paradójico es que esas estrategias que han dado lugar a la idea de Bush y Blair de imponer una "hegemonía benevolente" -que se justifica con la excusa de estar viviendo una situación de excepcionalidad- se basan en el concepto crítico de hegemonía cultural desarrollado por el filósofo marxista italiano Antonio Gramsci.

La construcción de cualquier "arquitectura hegemónica" requiere, según Mora Molina, de la interacción coordinada de múltiples dispositivos, tanto financieros e ideológicos como académicos y mediáticos. Los intelectuales juegan un papel fundamental en esa construcción, pues son los encargados de elaborar las narrativas que permiten difundir de manera efectiva el sistema de creencias y valores sobre el que se sustenta dicha arquitectura hegemónica. "Intelectuales", explicó Mora Molina, "no sólo orgánicos, sino también íntimamente convencidos de sus creencias, de manera que gesten un discurso demoledor desde el punto de vista emotivo y conductual".

En este sentido el movimiento neoconservador estadounidense, gracias a una inteligente y efectiva planificación logística, ha sabido utilizar todas estas herramientas legitimadoras, desde activos think tanks hasta poliédricos grupos de comunicación, pasando por un amplio y variado abanico de fuentes financieras, discretos pero influyentes grupos académicos (vinculados a prestigiosas universidades como Yale o John Hopkins) y, sobre todo, un nutrido grupo de intelectuales mediáticos que defienden y difunden sus ideas y proyectos en áreas muy diferentes.

Juan Jesús Mora MolinaPero, ¿qué son los think tanks? Es una expresión que procede de la jerga militar donde designaba al espacio físico que ocupaban los estrategas militares para discutir sus planes de guerra. A día de hoy, hace referencia a una serie de organizaciones "sin ánimo de lucro" cuyo objetivo es investigar cuestiones de interés político, comercial o militar. Hay que tener en cuenta que en los últimos años, las conclusiones de esas investigaciones están influyendo de forma muy evidente en el diseño de los programas ideológicos y estratégicos de partidos políticos, grupos de presión e incluso administraciones gubernamentales. "Un think tank", explicó Mora Molina, "es, en esencia, una factoría productora de ideas con las que compite en un mercado: el mercado de las ideas". Y desde esta lógica mercantil, podemos decir que lo importante para estas "factorías intelectuales" no es producir ideas, sino saber venderlas. Para ello, los think tanks, saltando desde el mercado al marketing, utilizan los mass media como plataformas propagandísticas.

La Heritage Foundation, el American Enterprise Institute, el Project for The New American Century, el Manhattan Institute, la Foundation for Defense of Democracies o el National Endowment for Democracy son algunos de los principales think tanks del movimiento neocon norteamericano. Contrarios al liberalismo clásico estadounidense, todos ellos articulan un mensaje casi mesiánico en torno a tres grandes valores -Dios, Patria y Familia-, planteando la necesidad de un regreso a los principios fundadores de la Nación, al tiempo que defienden que el Estado sea fuerte en temas como la política internacional o la seguridad ciudadana. Esa defensa del Estado (que les aleja tanto de los anarco-capitalistas como de gran parte de las élites empresariales) les ha servido para justificar algunas leyes tomadas tras el 11-S que, según Mora Molina, vulneran claramente enmiendas básicas de la Constitución estadounidense de 1787.

La Heritage Foundation (de la que forman parte Richard Allen, Paul Bremer o John Lehman) ya ejerció una gran influencia en la administración Reagan a principios de los años ochenta, siendo uno de las primeras entidades que promovió el abandono de las políticas de contención y la creación de un escudo antibalístico. Fundado en 1943, el American Enterprise Institute -con el que colaboran, entre otros, David Frum, Richard Perle, Lynne Cheney o Charles Krauthamer- se ha erigido como uno de los think tanks que defiende con más firmeza una política exterior agresiva y beligerante. El Project for the New American Century está vinculado a relevantes miembros de la administración de Georges W. Bush, desde Richard Armitage a Paul Wolfowitz, pasando por Dick Cheney, William J. Bennett, Donald Rumsfeld o el gobernador de Florida (y, a la sazón, hermano del presidente) Jeb Bush.

Con el objetivo de fomentar ideas y proyectos que favorezcan el crecimiento económico y la responsabilidad individual, el Manhattan Institute for Policy Research aglutina a intelectuales como Fareed Zakaria o William Kristol (uno de los autores del libro Peligros Presentes, considerado como la auténtica "biblia" del movimiento neocon norteamericano). Por su parte, la Foundation for Defense of Democracies (fundada en el año 2001 con el propósito de analizar las causas, estrategias y metodologías del terrorismo internacional) tiene en sus filas tanto a intelectuales y políticos conservadores (James Woolsey, Steve Forbes...) como liberales (Charles Schumer, Frank Lautenberg...).

Herederos de pensadores como Leo Strauss, Allam Bloom o James Burnham, los intelectuales neocon creen firmemente en el elitismo pues, para ellos, el hombre común carece de perspectiva analítica para encontrar un sentido profundo a los acontecimientos y a los textos y mitos fundacionales de los EE.UU. A su juicio, los principios de la teoría maquiavélica pueden ser aplicados para mejorar la democracia y conseguir un verdadero triunfo de la libertad. De este modo aluden a la "razón de Estado" para justificar la liberación por la fuerza de pueblos oprimidos por la represión de regímenes tiránicos o hablan de la capacidad del "príncipe" (es decir, de Bush y de sus colaboradores más cercanos) de anticiparse a posibles peligros y amenazas y evitar daños futuros a los intereses de la nación (llevando a cabo "guerras preventivas", si fuera necesario). "Así", subrayó Juan Jesús Mora Molina, "fundiendo en un mismo crisol la arquitectura teórica de Maquiavelo y los valores de la Constitución Republicana de 1787, se obtiene un cóctel explosivo: el liderazgo mundial mediante la hegemonía benevolente".

Irving Kristol, Robert Kagan, Lawrence Kaplan y otros intelectuales neocon consideran que los medios de comunicación, ayudados por la dejadez y excesiva permisividad legislativa de sucesivos gobiernos demócratas, han ido generado una decadencia moral de la sociedad norteamericana. Bajo su punto de vista, para tratar de remediar esa situación, es necesario construir una sólida y diversificada red mediática que permita llevar sus mensajes redentores (su "buena nueva") a todos los sectores sociales y rincones geográficos de los EE.UU.

Juan Jesús Mora MolinaEsta labor de proselitismo neocon se está llevando a cabo a través de emisoras radiofónicas – Satelite Radio (donde trabaja Laura Schelessinger), WOR o TALK -, canales de televisión, especialmente Sky y Fox (ambas cadenas vinculadas al grupo mediático de Rupert Murdock) y prensa escrita. En este último grupo podemos distinguir entre publicaciones doctrinales (ligadas directamente a ciertos think tanks) y divulgativas, incluyendo en este subgrupo tanto diarios (en papel: New York Post; o en Internet: The Nation, The New Republic...) como revistas (The Weekly Standard, The New Criterion...). A su vez, los creadores de opinión de la nueva derecha estadounidense también tienen un espacio privilegiado en rotativos de gran tirada como The Wall Street Journal, Washington Post o Financial Times, en los que escriben con bastante asiduidad autores neocon como Robert Kagan, Ellen Bork, Michelle Caulkin o Maggie Gallagher.

Por su parte, los think tanks editan un buen número de "publicaciones doctrinales" en las que se han ido desarrollando muchas de las teorías que justifican las aspiraciones imperialistas del gobierno de George W. Bush. Por ejemplo, la Heritage Foundation publica Policy Review; el American Jewish Committee (un think tank pro-israelí que, entre otras cosas, se opone a la creación de un Estado palestino) está detrás de la revista Commentary Magazine (dirigida durante muchos años por Norman Podhoretz e Irving Kristol); el National Endowment for Democracy (al que pertenecen Robert Kagan y Francis Fukuyama) edita Journal of Democracy; y el Nixon Center (cuyo Director de Honor es Henry Kissinger) saca desde 1985 la publicación The National Interest.

En la fase final de su intervención en el seminario Nueva derecha: ideas y medios para la contrarrevolución, Juan Jesús Mora Molina también hizo referencia a las principales fuentes de financiación del movimiento neocon estadounidense: la John Olin Foundation (vinculada a la industria química y militar), la Sarah Scaife Foundation (relacionada con importantes empresas financieras y petrolíferas), la Bradley Foundation (entidad que pretende promover el Mercado Libre en todo el planeta) y, según algunos autores consultados, gigantes corporativos de la industria del ocio y del sector tecnológico como AOL, Time Warner o Microsoft.