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Conferencia de Francisco Espinosa: El fenómeno revisionista en España: una tentativa de interpretación

Francisco EspinosaEn España, la derecha está llevando a cabo un proceso de blanqueo y de re-escritura de la historia para poder reivindicarse sin remordimientos por su pasado franquista que todavía supone un lastre fuerte en el imaginario de los ciudadanos. Francisco Espinosa, autor y coautor respectivamente de trabajos como El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española o Memoria y olvido sobre la guerra y la represión franquista, cree que el éxito editorial y mediático de este proyecto revisionista se debe fundamentalmente a la forma en que se realizó la transición, un "pacto entre caballeros" que permitió el reciclaje a la democracia de las estructuras y élites del franquismo.

En ese momento, la derecha necesitaba legitimidad y la izquierda poder. Ambas consiguieron lo que buscaban."Esto me recuerda", señaló Espinosa, "lo que le dice Tancredi a su tío, al príncipe Fabrizio Salina en la novela El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: si queremos que todo siga igual, es preciso que todo cambie. Yo me imagino a Adolfo Suárez planteándole algo parecido a Torcuato Fernández Miranda (presidente de las primeras cortes de la Monarquía)". En este sentido, Espinosa también hizo referencia a un cuento de Juan Marsé, El Pacto, en el que dos personajes, uno de AP (Alianza Popular) y otro del PCE (Partido Comunista de España), tras salir de una reunión en la que habían acordado silenciar episodios que les podían perjudicar a ambos, iban percibiendo como les cambiaba su identidad. Como ocurre en el cuento de Marsé, los artífices de la transición, sacrificaron la verdad y la justicia histórica en beneficio de sus intereses personales. Y lo más paradójico es que ese cierre en falso de la dictadura se ha presentado en numerosas ocasiones como un ejemplo modélico de reconciliación nacional.

Por tanto, según Francisco Espinosa, el proceso político que se inició con la transición se ha construido sobre una base de impunidad y olvido que desligó nuestra actual monarquía parlamentaria del último periodo democrático que había vivido España: la II República. "Se actuó", señaló Espinosa, "como si la República no hubiese existido, o lo que es aún peor, como si no hubiera debido existir. Ese pacto de silencio se terminó extendiendo incluso a la dictadura franquista". De este modo, la derecha española (y también numerosos políticos e intelectuales de izquierda) sigue considerando la II República como un periodo nefasto de la historia de nuestro país, al tiempo que muestra un respeto profundo por la herencia franquista.

Francisco EspinosaEste pacto de silencio estuvo vigente hasta aproximadamente el año 2000. En esa fecha, el PSOE decidió, por motivos básicamente electoralistas, sumarse a las iniciativas en pro de la recuperación de la memoria histórica que se habían puesto en marcha a mediados de los años noventa en varias provincias españolas gracias a los modestos pero rigurosos análisis sobre la represión franquista que algunos historiadores comenzaron a publicar en la década anterior. En 1999, el mismo año que apareció el libro Víctimas de la guerra civil (coordinado por Santos Julia), la editorial Encuentro (relacionada con la familia Oriol, uno de cuyos miembros fue secuestrado por el GRAPO en 1977) publicó Los orígenes de la guerra civil, de Pío Moa, en el que se asegura que esta contienda comenzó el 6 de octubre de 1934 (con los levantamientos revolucionarios en Cataluña y Asturias y la proclamación del Estado Catalán) y no el 18 de julio de 1936, retomando una vieja teoría que ya utilizó la justicia franquista para argumentar muchas de sus sentencias represivas. "Moa" subrayó Francisco Espinosa, "responsabiliza a la propia Republica de su destrucción, esto es, viene a decir que las propias víctimas se lo buscaron".

Usando citas descontextualizadas de otros historiadores, manipulando descaradamente datos a favor de sus tesis o presuponiendo lo que le interesa, Pío Moa construye un relato historiográfico sin ningún tipo de rigor científico a partir de algunas medias verdades apenas documentadas y, sobre todo, de innumerables juicios de valor e interpretaciones claramente tendenciosas. Si en Los orígenes de la guerra civil culpaba a la República de la insurrección militar de 1936, en un libro que acaba de publicar (Franco, un balance histórico) reivindica directamente la figura del dictador: “el personaje político de mayor envergadura en la historia de España de los dos últimos siglos”. El autor de Los mitos de la guerra civil siempre ha estado apoyado por grupos de poder vinculados a la derecha española y el éxito de sus libros se explica, en gran medida, por la atención que le prestan diferentes medios de comunicación, desde ABC al diario El Mundo, pasando por La COPE, La Razón o Libertad digital. Aunque en este éxito probablemente también influya el morbo que genera el hecho de que sea un antiguo militante del GRAPO, esto es, un converso dispuesto a todo para demostrar la sinceridad de su redención.

En su libro GRAPO: Los hijos de Mao, Rafael Gómez Parra asegura que Pío Moa fue siempre un personaje polémico y sumamente advenedizo. De hecho, en 1975 escribió en la revista oficial del PCE(r) -Partido Comunista de España (reconstituido), el brazo político del GRAPO- que el "Camarada Arenas" (líder de este grupo armado), era el político "más inteligente y lúcido de Europa", pero sólo dos años después afirmaba que era un dictador. Con parecida rapidez, pasó de tener como lectura preferida el libro rojo de Mao a los ensayos de Ortega y Gasset, y después, en un salto aún más rocambolesco, pasó directamente al neofranquismo más burdo y al reducto representado por Gonzalo Fernández de la Mora (ministro de Obras Públicas del Gobierno presidido por el almirante Carrero Blanco que en libros como El crepúsculo de las ideologías defendió tesis muy cercanas a las promovidas por los tecnócratas franquistas) y su Razón Española.

En marzo del año 2000, poco después de que el Partido Popular obtuviera mayoría absoluta y renunciara a buscar el acuerdo con otras formaciones políticas, Federico Jiménez-Losantos puso en marcha el periódico Libertad digital. También ese año comenzaron las maniobras para fusionar varias entidades vinculadas a la derecha española que culminarían en la creación de la FAES, Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, que se autodefine como "una institución que está al servicio de España y al servicio de la idea de libertad individual". A partir de entonces se fue produciendo un acercamiento explícito de las más altas esferas del Partido Popular a las tesis revisionistas. Acercamiento que ya se hizo evidente en el año 2003, cuando se emite en el programa "El tercer grado" (dirigido y presentado por Carlos Dávila) una extensa entrevista con Pío Moa, la FAES publica el libro España, un hecho (que incluye un capítulo de Moa sobre la República) y el propio José María Aznar anuncia que su lectura de verano sería Los mitos de la guerra civil.

"Pío Moa", subrayó Francisco Espinosa, "no es un historiador, sino un propagandista; no investiga en los archivos sino que se limita a interpretar, reproducir y manipular textos secundarios sobre la II República y la Guerra Civil, ocultando además en la mayoría de las ocasiones las verdaderas fuentes documentales de los datos que utiliza". Puebla sus textos de insultos (al propio Francisco Espinosa le ha llamado, entre otras cosas, neo-estalinista y castrista), así como de expresiones que son ajenas al lenguaje de la historia: "al parecer", "es sólo una conjetura, pero no desdeñable"...

A juicio de Espinosa, España tiene que seguir el ejemplo de otros países europeos (Francia, Alemania, Reino Unido) en cuyas legislaciones existen procedimientos legales para frenar la expansión de las teorías revisionistas y negacionistas. "Hay que decirlo claramente", subrayó, "la mentira, la tergiversación, el uso sistemático del insulto.., no tienen la categoría de opinión y, por tanto, no deben estar amparados por los derechos derivados de la libertad de expresión". Para ello, Espinosa cree que hay que definir jurídicamente lo que fue el franquismo y, a partir de ahí, establecer el delito de apología. Según el autor de La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz no se trata de censurar, sino de luchar contra la mentira y la manipulación y evitar que ciertos personajes queden impunes después de haber fomentado con sus soflamas actos violentos como los que protagonizaron recientemente una serie de simpatizantes de extrema derecha en la investidura como doctor Honoris Causa de Santiago Carrillo en la Universidad Autónoma de Madrid.

Francisco Espinosa cree que el apoyo explícito de la derecha española a las teorías revisionistas se debe a que la liberan de su responsabilidad histórica en la represión franquista. "Al modo de las terapias psicoanalíticas", explicó, "el revisionismo le permite aceptar sin remordimientos su pasado, primero insistiendo en la perversidad intrínseca de la República (que, según estas teorías, cavó su propia fosa) y después lanzando el mensaje de que el franquismo (a pesar de sus defectos) fue lo mejor que le pudo pasar a España (pues permitió que no se convirtiera en una dictadura estalinista)".

Francisco EspinosaEspinosa piensa que el problema está en que en la transición, en pos de un supuesto consenso entre las distintas sensibilidades políticas, se impidió que hubiera un momento claro de ruptura con el franquismo, por lo que la derecha española aún no se ha desprendido de su pasado dictatorial, ni ha construido un discurso ideológico propio a partir de la transición. Esa herencia hace que se siga sintiendo señalada cuando los trabajos históricos sobre la represión franquista y las iniciativas del movimiento por la recuperación de la memoria histórica demuestran que la violencia fue la principal fuente de legitimación de la dictadura de Franco (sobre todo en los años de la posguerra). "Esto representa un problema muy serio a corto y medio plazo", indicó el autor de Memoria y olvido sobre la guerra y la represión franquista, "pues mientras mantenga esa actitud, no habrá posibilidad de llegar a un acuerdo con ella".

A su juicio, el fenómeno revisionista representa el fracaso político de no haber podido llegar a un acuerdo de mínimos (que si se ha alcanzado en otros países como Francia, Gran Bretaña o Alemania) sobre la interpretación del pasado reciente de España. Durante mucho tiempo ha parecido que existía, pero lo único que había era un pacto de silencio que cuando se ha roto, ha hecho visible la fragilidad de un proceso político (la transición) que se ha construido sobre el olvido de casi cincuenta años de nuestra historia (desde 1931 hasta 1977). "El único modo de superar ese fracaso", subrayó Francisco Espinosa en la fase final de su intervención en el seminario Nueva derecha: ideas y medios para la contrarrevolución, "pasa por acompañar la verdad histórica sobre el carácter represivo del régimen franquista de una serie de iniciativas legales que permitan definir jurídicamente que representó el levantamiento de Franco (un golpe de estado contra un gobierno democráticamente constituido) y sus cuarenta años en el poder".