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Palestina e Irak: la experiencia trágica de la ocupación y sus consecuencias, Aboubakr Jamai

Aboubakr JamaiEn los países occidentales se tiende a olvidar que Oriente Medio es una región del mundo que ha sido descolonizada hace muy poco tiempo. Pero el recuerdo de la colonización no se ha borrado del imaginario de los ciudadanos árabes que perciben a Israel (y ahora, también a las tropas estadounidenses desplegadas en Irak) como una herencia de ese periodo colonial. Durante su intervención en la segunda jornada del seminario Representaciones árabes contemporáneas. Discursos críticos y pensamiento político, Aboubakr Jamai analizó el impacto de la invasión de Irak y del problema palestino en la opinión pública del mundo árabe, prestando especial atención a la marroquí. "Hay que tener en cuenta, subrayó Aboubakr Jamai, que a pesar de la lejanía geográfica, la opinión pública marroquí es una de las que más se ha movilizado contra las acciones bélicas de Israel o los sucesivos ataques a Irak". A su juicio, ambos conflictos representan una actualización de la dinámica de confrontación que ha caracterizado la relación histórica entre Oriente y Occidente.

En los últimos años, gracias a la cadena de televisión Al-jazeera ha surgido una opinión pública unificada en el mundo árabe que se expresa de forma muy unánime sobre determinados temas de actualidad como las acciones del gobierno de Sharon o la política de EE.UU en Oriente Medio. Antes, sólo existían medios de comunicación locales y nacionales, muy controlados por el poder, que en sus informaciones sobre los conflictos internaciones se limitaban a difundir las valoraciones diplomáticas que tuviese en cada caso el gobierno de su país. A su vez, los medios de comunicación occidentales no tenían ninguna credibilidad para la opinión pública árabe, sobre todo después de la cobertura informativa que hicieron de la I Guerra del Golfo.

En ese contexto, en 1996 nació en Qatar la cadena de TV por satélite Al-Jazeera, un medio de comunicación pan-arabista que, según Aboubakr Jamai, ha logrado "liberar la palabra árabe y difundirla en el escenario mediático internacional". Para tratar de contrarrestar la enorme influencia de Al-Jazeera, EE.UU ha promovido la creación de otros medios similares. "Un gesto desesperado, aseguró Aboubakr Jamai, que muestra el fracaso de la estrategia propagandística norteamericana en los países árabes". No hay que olvidar que para los medios occidentales, durante mucho tiempo la "opinión pública árabe" no ha existido. Lo que había era la "calle árabe", una expresión profundamente connotada que aludía a una especie de excepcionalidad cultural del "homo islamicus", un ser incapaz de desarrollar por su propia cuenta proposiciones intelectuales complejas (opiniones). Todo eso se complementaba con una escenografía visual muy codificada que mostraba la "calle árabe" en momentos de intensa expresividad emotiva y visceral (manifestaciones, flagelaciones, muestras de duelo, quemas de banderas...), remarcando el supuesto carácter irracional y fanático de los musulmanes.

Aboubakr Jamai cree que la indignación y la impotencia que siente la ciudadanía árabe ante la prolongada agonía del pueblo palestino, es la razón fundamental (pero no la única) de la relativa "tolerancia" que existe en amplios sectores de las sociedades musulmanas hacia el llamado terrorismo islámico. "También ayuda, precisó Jamai, el hecho de que los EE.UU y sus aliados sigan haciendo referencia a las cruzadas o a la superioridad del Dios cristiano sobre Alá, que George Bush califique a Ariel Sharon como un 'hombre de paz' o que se exhiba a Sadam Hussein y a sus hijos de forma humillante". A todo eso habría que añadir el reciente escándalo por las torturas en las cárceles iraquíes (en las que se sospecha que estuvieron implicados agentes israelíes) o la situación de los presos de Guantánamo.

Aboubakr JamaiPara los sectores más extremistas del islamismo, estos hechos demuestran que existe una conspiración occidental contra el mundo árabe y musulmán encabezada por los EE.UU y amparada por organizaciones internacionales como la ONU. Bajo su punto de vista, la situación política internacional refleja que las posiciones moderadas que han mantenido durante los últimos años los gobiernos árabes no están conduciendo a nada. "Con Occidente no se puede negociar, advierten, la única opción es la lucha armada". A su vez, también están saliendo reforzadas las tesis represivas de los agentes más conservadores y autoritarios de los gobiernos y de las fuerzas de seguridad árabes. Su argumento es tan esquemático como eficaz: si una potencia global como EE.UU ha necesitado recurrir a la tortura y a la ilegalidad para luchar contra el terrorismo y proteger a sus ciudadanos, ¿cómo no van hacerlo los servicios secretos de los gobiernos árabes cuyos medios son mucho más precarios?

Tras los atentados contra las Torres Gemelas, diversos institutos estadísticos y organismos internacionales han realizado una serie de sondeos para estudiar la evolución de la opinión pública en los países árabes y conocer su percepción de Occidente y de la democracia. En esta línea se enmarcan dos encuestas elaboradas por la fundación neoyorquina The Pew Research Center y publicadas en junio de 2003 y mayo de 2004. En la más reciente, ante la pregunta de si los atentados contra soldados israelíes estaban justificados, el 74% de los encuestados marroquíes y el 80% de los jordanos dijo que sí. La cifra se reducía un poco cuando se les interpelaba sobre su valoración de los ataques a ciudadanos occidentales y estadounidenses en Irak (que justificaban el 66% de los marroquíes y el 70% de los jordanos).

La encuesta de The Pew Research Center también les solicitaba que valoraran las acciones que se estaban emprendiendo para luchar contra el terrorismo internacional. Sólo el 28% de los marroquíes se mostraba favorable, un porcentaje bajo que, sin embargo, fue bastante superior al 9% que contestó afirmativamente a una pregunta similar en la encuesta de 2003 ("realizada antes de los atentados de Casablanca que costaron la vida a 45 personas", recordó Aboubakr Jamai). Según los resultados de esa encuesta de 2003, los judíos eran los que generaban mayor rechazo a los marroquíes (92%), seguidos de los cristianos (75%) y de los estadounidenses (68%). En relación a las razones que habían motivado la guerra de Irak, el 62% de los marroquíes y el 71% de los jordanos respondieron que fue el petróleo, incluso hubo un porcentaje alto de participantes que aseguró que el objetivo era reforzar la posición de Israel en Oriente Medio. Además, se pedía a los encuestados que evaluaran la figura de Ben Laden. Los resultados fueron bastante llamativos: el 45% de los marroquíes tenía una opinión favorable del líder de Al-Queda.

En otra encuesta realizada simultáneamente en varios países árabes en el año 2003, se preguntaba quién era el líder más capacitado para resolver los problemas internacionales. Antes, se les había pasado una lista con nueve nombres entre los que se incluían Ben Laden, George Bush, Tony Blair, Jacques Chirac o Kofi Annan. El líder mejor valorado fue Chirac ("probablemente por su oposición a la invasión de Irak", apuntó Aboubakr Jamai), pero Ben Laden consiguió un porcentaje muy alto de votos en países como Marruecos o Pakistán. Según Aboubakr Jamai, los datos de esos sondeos -que se han analizado detalladamente en las dos publicaciones periodísticas que dirige: Le Journal Hebsomadaire y Assahifa al Ousbouiya- certifican que la situación internacional (especialmente en Oriente Medio) favorece la supervivencia y expansión de las posiciones islamistas más extremistas.

A juicio de Aboubakr Jamai, los resultados de estas encuestas son muy reveladores, sobre todo si se confrontan con otros estudios estadísticos que documentan la fractura que existe dentro de Occidente entre Estados Unidos y Europa. En este sentido, la fundación The Pew Research Center publicó un informe en el año 2003 en el que asegura que frente al escepticismo de los europeos en temas religiosos, el 85% de los norteamericanos declara que la religión es muy importante en sus vidas, y el 60% confiesa que asiste a Misa al menos una vez al mes. A su vez, The Economist ha publicado una encuesta donde se señala que el 44% de los estadounidenses piensa que Israel pertenece a los judíos por voluntad divina, mientras el 36% cree que el país que preside Ariel Sharon representa la materialización de la profecía bíblica de un nuevo Jerusalem. "Es decir, advirtió Aboubakr Jamai, el fundamentalismo religioso no es exclusivo del mundo árabe".

Pero más allá de las diferencias en la valoración de la religión entre los ciudadanos europeos y estadounidenses, no se puede negar que los sentimientos islamofóbicos también se están extendiendo por el "viejo continente", afectando también a uno de los países que tradicionalmente se ha mostrado más tolerante con la diversidad religiosa: Francia. Una islamofobia sutil (igual o más peligrosa que la explícita) que se refleja en la exclusión de las mezquitas de unas subvenciones estatales que sí se otorgan a iglesias y sinagogas o en la aprobación de una ley que prohíbe el uso de velo (pero permite llevar crucifijos) en las escuelas públicas.

Aboubakr JamaiSiguiendo con su disección de datos estadísticos, Aboubakr Jamai hizo referencia a una encuesta que se llevó a cabo recientemente en Arabia Saudí, Marruecos, Jordania, Kuwait, Egipto e Israel con la intención de descubrir y analizar los valores morales, políticos, sociales y culturales más arraigados en las sociedades árabes contemporáneas. Como principal seña de identidad, la mayoría de los encuestados eligió la religión (seguida de la identidad "árabe"), mientras el tema político que declararon que más les preocupaba era el conflicto palestino-israelí (especialmente a marroquíes y saudíes), aunque también se mostraban muy interesados por la situación de los derechos humanos en sus respectivos países. Además, ante la pregunta de si la democracia al estilo occidental podría funcionar en sus sociedades, el 80% de los kuwaitíes y el 63% de los marroquíes contestaron que sí. "Parece que los datos de esta encuesta, señaló Aboubakr Jamai, contradicen la visión culturalista y esencialista de que los musulmanes son, por naturaleza, unos fanáticos integristas enemigos de la democracia a los que no les preocupa que se respeten los derechos humanos".

En este sentido, Aboubakr Jamai considera que uno de los efectos positivos que involuntariamente han provocado los "neocons" de la administración Bush es "relativizar el relativismo cultural" que ha caracterizado buena parte de los análisis que se han hecho del mundo árabe durante los últimos años. Ese relativismo, llegaba a plantear que la democracia no era compatible con la identidad socio-cultural de los países árabes. Sin embargo, Aboubakr Jamai piensa que realmente sí existen fuerzas internas dentro de estas sociedades que están luchando para que se inicie un auténtico proceso democrático. "En Marruecos, por ejemplo, subrayó Aboubakr Jamai, la sociedad civil está perfectamente capacitada para asumir la democracia con todas sus consecuencias, aunque la élite política marroquí y ciertos círculos intelectuales occidentales pretendan convencernos de lo contrario".


Factores de impulso y bloqueo en el proceso de transición democrática en Marruecos
El programa de Representaciones árabes contemporáneas. Discursos críticos y pensamiento político incluía una serie de foros de discusión matinales destinados exclusivamente a las personas inscritas en el seminario. En una de estas sesiones, Aboubakr Jamai analizó los factores de impulso y bloqueo en el proceso de transición democrática en Marruecos. En este sentido, según Aboubakr Jamai -que en el año 2003 obtuvo el Premio Internacional a la Libertad de Prensa concedido por el Comité para la Protección de los Periodistas de Nueva York- en la historia reciente de Marruecos encontramos tres fechas claves: 1972, 1983 y 1995/96.

En 1972, se produjo un golpe de estado fallido en el que supuestamente estuvieron involucrados los líderes más emblemáticos de la izquierda marroquí de aquella época. Oficialmente Hassan II nunca les implicó en el golpe, sino que estableció con ellos una especie de pacto implícito de no agresión que le garantizó una estabilidad política durante todo el resto de su reinado. De este modo, el rey alauita ha utilizado esa alianza como moneda de cambio ante determinados asuntos comprometedores (por ejemplo, las investigaciones sobre el asesinato de Ben Barka) o como escudo de protección ante los ataques de otros movimientos políticos y sociales. "La participación silenciada de dirigentes izquierdistas en el golpe fallido de 1972, aseguró Aboubakr Jamai, nos permite comprender muchas cosas que han ocurrido posteriormente en Marruecos y que, a primera vista, carecían de lógica".

Ese mismo año, Hassan II tomó tres decisiones que han resultado esenciales en la evolución posterior de Marruecos: incrementó el número de estudiantes, aumentó el salario mínimo interprofesional e inició una campaña de "marroquinización del territorio" (que sólo benefició a ciertas élites militares y empresariales) exigiendo la devolución a Marruecos de tierras que estaban en manos de empresas extranjeras. Gracias al apoyo financiero de los petrodólares de Arabia Saudí y Kuwait, Hassan II logró instaurar una débil pero eficiente "paz social" que se vino abajo a partir de 1983, cuando esa fuente de ingresos se redujo considerablemente.

Aboubakr Jamai y Gema Martín MuñozEn ese momento, el monarca marroquí intentó favorecer la emergencia de una pequeña burguesía emprendedora que diera un nuevo rumbo al país. Pero para que esa clase emprendedora pudiera cumplir su función, necesitaba un marco jurídico y político más o menos estable y transparente. Algo que, a juicio de Aboubakr Jamai, nunca se ha logrado en Marruecos. En octubre de 1995, Hassan II -que ya era consciente de que estaba gravemente enfermo- hizo público un informe del Banco Mundial en el que se aseguraba que la economía marroquí no avanzaba por la corrupción que había en los Ministerios de Interior y de Hacienda. Con esas declaraciones, Hassan II estaba acusando directamente a importantes empresarios locales de no pagar sus impuestos. De hecho, muchos de ellos fueron encarcelados y torturados (igual que algunos insurgentes izquierdistas en los años 60 y 70) y desde entonces la clase económicamente más activa de Marruecos ha preferido quedarse en un segundo plano.

Durante sus cuatro décadas de reinado, Hassan II, un dirigente hábil y pragmático, consiguió corromper a gran parte de la oposición política (comprando su obediencia y su silencio) que perdió toda su credibilidad como alternativa real de gobierno. De este modo, se favoreció la consolidación y expansión del islamismo político que, en el caso marroquí, no es un movimiento homogéneo e indiferenciado, sino que integra numerosas tendencias y sensibilidades (y no todas ellas son enemigas de la modernidad y de la democracia). A nivel general, hoy día se puede hablar de dos grandes corrientes islamistas: un movimiento político con raíces sufíes (donde se incluiría Justicia y espiritualidad) que goza de una enorme implantación social; y una serie de asociaciones articuladas en torno al PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo), un movimiento político islamista que toma como modelo de referencia el AKP turco (actualmente en el poder) y como antimodelo el FIS argelino. El PJD obtuvo 42 diputados en las últimas elecciones legislativas (triplicando su representación), y consiguió también muy buenos resultados en las municipales de 2003, pese a que sólo pudo presentarse en menos del 20% de las circunscripciones (excluyendo muchas de las localidades donde cuentan con más respaldo popular).