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Resumen de la conferencia de Pierre-Jean Luizard: Irak, la imposible reconstrucción política

Pierre-Jean LuizardExisten numerosos paralelismos entre lo que está ocurriendo en Irak tras la caída de Sadam Hussein y lo que sucedió después de la primera Guerra Mundial, cuando el país quedó bajo mandato británico. En ambos casos, las potencias ocupantes justifican su intervención con el argumento de que su único objetivo es llevar la democracia, el progreso y la justicia a los iraquíes, ya sea liberándoles del dominio otomano o del despótico régimen de Sadam Hussein. A su vez, las dos ocupaciones han sido legitimadas por organismos internacionales y por procesos electorales que han estado precedidos de operaciones bélicas de grandes dimensiones. A juicio de Pierre-Jean Luizard, investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia y miembro del Groupe de Sociologie des Religions et de la Laïcité de París, tanto las elecciones legislativas del 30 de enero de 2005 como las del pasado 15 de diciembre se pueden ver como "gestos" que posibilitan una cierta normalización institucional de Irak.

Pero de ningún modo han servido para crear un marco político estable y autónomo que permita la reconstrucción del Estado iraquí y el inicio de un auténtico proceso de democratización. De hecho, según Luizard, estas elecciones impiden la reconstrucción del país, pues consagran el proceso iniciado por las autoridades estadounidenses tras su llegada a Bagdad en abril del año 2003, cuando desmantelaron gran parte de las estructuras estatales pre-existentes. Ese proceso se diseñó siguiendo criterios comunitarios, esto es, distribuyendo parcelas de poder proporcionalmente entre las distintas comunidades étnicas que hay en Irak -kurdos, chiítas y suníes- para establecer una especie de sistema etnocrático. "El mismo tipo de sistema", recordó Luizard, "que provocó en El Líbano una guerra civil que duró quince años".

También en 1920, la potencia ocupante -el Reino Unido- apostó por el comunitarismo. La diferencia es que las principales víctimas en aquel periodo fueron los chiíes, que ahora se encuentran en una situación mucho más favorable, justo lo contrario de lo que les sucede a los suníes (la comunidad que por aquel entonces salió más beneficiada). Según Pierre-Jean Luizard, un sistema etnocrático obliga a las distintas comunidades a defender sus propios intereses por encima de los del conjunto de la nación, algo que se agrava si, como en el caso de Irak, la autoridad suprema del país es extranjera.

Pierre-Jean LuizardEn la actualidad, la administración de George W. Bush se enfrenta a un dilema de difícil resolución: no puede seguir manteniendo sus tropas en Irak de forma indefinida (por los costes económicos y humanos que eso genera), pero tampoco puede retirarse mientras no haya un gobierno fuerte que sea capaz de garantizar el control del país (y de sus recursos), pues eso supondría un flagrante fracaso en su "cruzada contra el terrorismo internacional". Ese momento parece aún bastante lejano y los estadounidenses, después de haber provocando la fragmentación y desmembración de la sociedad iraquí al apostar por una reconstrucción política siguiendo criterios étnicos, tratan ahora de que las distintas comunidades del país alcancen un consenso. "Es decir", explicó Luizard, "es como si los causantes de un incendio intentaran luego sofocarlo sin asumir su responsabilidad. Además, en el caso de Irak, el incendio se ha extendido tanto que, al menos a corto y medio plazo, será muy difícil (por no decir imposible) controlarlo".

A principios de los años veinte del siglo pasado, las autoridades británicas tuvieron que enfrentarse a problemas muy parecidos. Numerosos ayatolás chiíes emitieron varios fatwas (pronunciamientos legales sobre cuestiones concretas que realiza un especialista en ley islámica) en los que pidieron a la población que se levantara en armas contra las tropas ocupantes y boicoteara las elecciones que, aún bajo mandato británico, se celebraron en 1924. Hay que tener en cuenta que en los años inmediatamente posteriores a la primera Guerra Mundial, había surgido un movimiento de resistencia árabe contra la ocupación británica que estaba integrado tanto por suníes como por chiíes. Una unidad sin precedentes en la historia de Irak que culminaría con las revueltas de 1920, reprimidas de forma muy violenta por el ejército del Reino Unido (que incluso llegó a usar gas mostaza contra los rebeldes).

La administración británica logró desactivar esa unidad pactando con la minoría suní que lograría los principales cargos civiles y militares tras las elecciones de 1924. "Como los distintos comicios que se han celebrado en Irak durante los últimos meses", afirmó Pierre-Jean Luizard, "esas elecciones no fueron más que un simulacro con el que Gran Bretaña trataba de dar legitimidad democrática a su protectorado y de camuflar el verdadero objetivo de su intervención: el control de un territorio con enormes potencialidades". El proceso electoral -en el que no pudo participar el mayor representante religioso chiíta- duró ocho meses, desde junio de 1923 hasta marzo de 1924, durante los cuales el ejército británico llevó a cabo varias operaciones militares en las zonas más conflictivas del país.

Igualmente, en los meses previos a las elecciones del 30 de enero de 2005, se realizaron grandes ofensivas militares contra los principales núcleos urbanos de los árabes suníes -Faluya, Mosul, Bakuba, Samarra, Ramadi...- y también contra algunas localidades chiíes como Nayaf (donde se hicieron fuertes las milicias de Múqtada al Sáder ) o Sader City (barrio chií de Bagdad en el que viven dos millones de habitantes). Estas operaciones bélicas fueron muy cruentas y causaron millares de bajas civiles y un éxodo masivo de poblaciones como las de Faluya (de hecho, la mayor parte de los habitantes de esta ciudad continúa viviendo en campamentos de refugiados). Según Luizard, se calcula que en el conjunto de acciones militares que se realizaron en los meses anteriores a las elecciones legislativas del 30 de enero de 2005 fallecieron unos 17.000 civiles y unos 7.000 combatientes.

Pierre-Jean Luizard piensa que, a día de hoy, tanto el ejército estadounidense como el gobierno interino de Ibrahim al Yafari (actual primer ministro iraquí) se encuentran totalmente desbordados. Milicias locales chiíes y kurdas dominan gran parte del territorio iraquí y la administración de George W. Bush (que ya ha comprobado que sus candidatos "preferidos" no son del agrado de la mayoría de los ciudadanos) empieza a temer que, después de todo el esfuerzo económico y militar que ha realizado durante los últimos tres años, puedan acceder al poder partidos políticos muy cercanos al régimen de Irán (uno de los países incluidos en el llamado "eje del mal"). Para impedir que esos partidos obtengan mayoría absoluta, EE.UU. ha puesto en marcha todo tipo de estrategias: desde multiplicar el número de listas que se presentan a las elecciones hasta apoyar a grupos suníes "moderados" para que participen en las mismas.

Las dos fuerzas mayoritarias en las elecciones legislativas del pasado 30 de enero de 2005 fueron la Alianza Unida Iraquí (AUI), con el 48,1% de los votos, y la lista kurda, que consiguió el 25,7%. Por su parte, la lista chií laica liderada por el primer ministro saliente, Iyad Alaui, obtuvo un 13,8% de los votos emitidos, mientras los suníes apenas alcanzaron un 2% de los sufragios pues, en su mayor parte, se abstuvieron (algo que no ha ocurrido en las elecciones del 15 de diciembre, de las que, a fecha de hoy -21 de diciembre de 2005- aún se desconocen los resultados). Algunos destacados miembros de la mayoritaria Alianza Unida Iraquí -que engloba a varios partidos chiíes religiosos como la Asamblea Suprema para la Revolución Islámica y tiene en sus filas al clérigo radical Múqtada al Sáder- proponen imponer la sharia (ley islámica) en todo el país, una medida que la coalición kurda rechaza frontalmente.

La contrapropuesta de los kurdos ha sido que la sharia se aplique sólo en las provincias de mayoría árabe, "pero para hacer eso", advirtió Pierre-Jean Luizard, "sería necesario crear dos sistemas legislativos distintos lo que, a su vez, sólo es posible si se constituyen dos estados independientes, cada uno con competencias exclusivas sobre un determinado territorio". Ese sería el deseo de muchos kurdos y también de numerosos árabes -suníes y chiíes- que están cada vez más descontentos con los privilegios que actualmente tiene la región del Kurdistán (ventajas de financiación, autonomía administrativa, ejército propio...). "Pero esa independencia no es posible", advirtió Pierre-Jean Luizard, "pues afecta directamente a países vecinos (Turquía, Irán, Siria) y pone en peligro la frágil estabilidad de una de región que concentra gran parte de las reservas de hidrocarburos que hay en el planeta".

En este punto de su intervención en la sede de La Cartuja de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), el autor de La question irakienne señaló que el Irak post-Sadam se enfrenta a "dos grandes imposibilidades que, paradójicamente, se contradicen entre sí". Por un lado, es imposible mantener la unidad, porque el proceso de reconstrucción que inició la administración de Paul Bremer ha provocado la confrontación entre las tres comunidades mayoritarias del país. Pero, por otro lado, es imposible dividir el territorio por afinidades confesionales y étnicas (o, al menos, hacerlo de forma pacífica), pues eso conllevaría crear nuevas fronteras en una región muy rica en yacimientos petrolíferos y en la que hay intereses de muchos países.

Pierre-Jean LuizardOtra paradoja que vive actualmente la sociedad iraquí es el sentimiento contradictorio de la mayor parte de sus ciudadanos (sobre todo chiíes y kurdos) ante una posible retirada de las tropas ocupantes (una decisión tan deseada como temida). En principio, los partidos chiíes están presionando para que se apruebe lo antes posible un calendario que establezca la salida del ejército estadounidense del territorio iraquí. Pero temen que cuando dicha salida se produzca será muy difícil doblegar a la insurgencia. De hecho, algunos líderes chiíes ya han declarado que sería deseable que se mantuviera por más tiempo el mandato de las fuerzas internacionales. Por su parte, los kurdos son plenamente conscientes de que la autonomía de la que gozan en la actualidad sólo es posible gracias a la presencia de tropas extranjeras en Irak, aunque de forma oficial sus dirigentes siguen diciendo que es necesario ir pensando en el fin de la ocupación. A todo esto hay que añadir que la aparición de un terrorismo de carácter anti-chiíta, ha dificultado la emergencia de un polo político inter-comunitario y laico que se oponga a la ocupación y defienda derechos fundamentales como la igualdad entre hombres y mujeres o la libertad de expresión.

En la fase final de su intervención en el seminario Representaciones árabes contemporáneas. La ecuación iraquí, Pierre-Jean Luizard admitió que tiene una visión muy pesimista sobre el futuro del proceso de reconstrucción política puesto en marcha en Irak tras la caída de Sadam Hussein. "Creo sinceramente", subrayó, "que en las condiciones actuales, ese proceso está condenado al fracaso, pues ha entrado en una dinámica de no retorno (una especie de huída hacia adelante) que incluso podría conducir a un conflicto como el de los Balcanes o El Líbano".

Para Pierre-Jean Luizard una posible solución estaría en la creación de un estado federal que no se basara en criterios étnicos, sino en la división administrativa de la época otomana que respondía a consideraciones básicamente geográficas, distinguiendo tres regiones a partir de otras tantas grandes ciudades (Basora, al sur; Bagdad en el centro; y Mosul al norte). A su vez, el estado iraquí tendría que ser considerado como un "paternariado árabe y kurdo", en el que estos últimos preservarían sus elementos culturales, al tiempo que se reconocería de modo oficial la existencia de una identidad árabe chií y se dotaría de un estatuto administrativo y jurídico propio a las ciudades santas de esta comunidad -Nayaf y Kerbala- en Irak. En cualquier caso, Pierre-Jean Luizard cree que mientras persista la ocupación esta solución será inviable, pues las diferentes fuerzas políticas iraquíes se negarán a dialogar entre ellas sabiendo que el camino más rápido y efectivo para defender los intereses específicos de las comunidades que representan pasa por negociar directamente con la administración estadounidense. "Que no nos engañemos", concluyó Luizard, "sigue siendo quien tiene la última palabra a la hora de tomar las decisiones más importantes sobre el futuro de Irak".