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Resumen de la conferencia de Käis Jewad Alazawi: La cultura y la prensa iraquí desde 2003 |
Aunque se ha alcanzado un grado de libertad de expresión impensable hace apenas tres años, el nivel de formación -técnica e intelectual- de los periodistas sigue siendo bastante bajo. Tampoco es fácil el acceso a fuentes de documentación independientes y muy pocas personas pueden conectarse a Internet con cierta regularidad y fluidez. Además, después de tres décadas bajo un régimen autoritario, la sociedad iraquí está poco acostumbrada a la existencia de una prensa que tenga una actitud crítica con los sectores más poderosos. No hay que olvidar que la estructura gubernamental y administrativa del régimen de Sadam Hussein tenía un fuerte componente tribal y oligárquico, lo que provocaba que las críticas al presidente y a las autoridades locales, se consideraran como una ofensa al honor de las familias que dirigían el país. A pesar de ciertos avances indiscutibles, Käis Jewad Alazawi, director de L'Observatoire Irakien y autor de libros como La protection des journalistes en Irak o Recueil de feuillets culturels, cree que a la sociedad iraquí le quedan aún muchos pasos que dar para poder tener una prensa realmente libre. Desde la llegada a Bagdad de las tropas estadounidenses en abril de 2003, muchos periodistas -extranjeros e iraquíes- han sido atacados (sobornados, secuestrados, asesinados...), tanto por la insurgencia como por las fuerzas aliadas, las nuevas autoridades locales o grupos de poder de diversa índole. Además, numerosos periódicos funcionan como portavoces directos de partidos políticos o personajes influyentes, realizando una labor más propagandística que informativa. A eso hay que añadir otros problemas legales o de infraestructura, como la dificultad de distribuir los periódicos fuera de los grandes núcleos urbanos (Bagdad, Mosul, Basora...); o la absoluta impunidad con la que ciertos periódicos oportunistas se dedican a copiar artículos aparecidos en otros medios (sobre todo digitales) sin ni siquiera citar su procedencia.
Además, se ha creado un poderoso conglomerado mediático -que incluye varias emisoras de radio (en AM y en FM), una televisión (Al Hurra) y periódicos como Al Sabah (La Mañana)- que funciona como un auténtico "gabinete de prensa" de las fuerzas de la coalición y del gobierno de Ibrahim al Yafari (actual primer ministro iraquí). Estos medios exaltan continuamente los logros de las nuevas autoridades iraquíes, al tiempo que obvian -o en todo caso, minimizan- los problemas que sufre la población (asesinatos, secuestros, robos, carencias sanitarias, falta de abastecimiento eléctrico...) en su vida cotidiana. "Por uno y otro lado", denunció Kaïs Jawad Alazawi, "los periodistas corren muchos riesgos en Irak y carecen de garantías de seguridad para poder ejercer su trabajo sin que sus vidas corran peligro". Son tan frecuentes los secuestros y asesinatos como los sobornos que, dada la situación económica de penuria que vive actualmente el país, muchos periodistas aceptan. Sobornos que a veces son explícitos, pero que otras se llevan a cabo por medios más sutiles, camuflados como "gestos de buena voluntad": por ejemplo, ceder espacios a los periódicos dentro de la zona verde (área fortificada en el centro de Bagdad que alberga las principales instalaciones de la Autoridad Provisional de la Coalición). No obstante, según Keïs Jewad Alazawi, existen algunos periódicos que intentan mantenerse imparciales y no aceptan las ayudas "envenenadas" que se conceden desde ciertos ámbitos de poder para orientar la información que aparece en la prensa. Resumiendo, en un plano puramente teórico, en Irak hay libertad de expresión, pero en la práctica no se dan las condiciones fácticas necesarias para que esa libertad puede ejercerse. "Si no estás al servicio de las fuerzas de la ocupación o de un partido político concreto", explicó Alazawi, "te sientes absolutamente desprotegido. Y en esas condiciones, trabajar con imparcialidad es una tarea casi imposible". A su juicio, eso explica el alto porcentaje de periodistas que han tomado la decisión de emigrar fuera de Irak (igual que han hecho otros profesionales liberales: médicos, abogados...). Hay que tener en cuenta que desde la caída de Sadam Hussein, más de 180 periodistas han sido asesinados, otros muchos se encuentran desaparecidos y, a 14 de noviembre de 2005 (fecha de la intervención de Käis Jewad Alazawi en la sede de La Cartuja de la Universidad Internacional de Andalucía), había al menos quince que estaban en manos de la insurgencia. "Son cifras aproximadas (probablemente el número será mucho mayor)", advirtió Alazawi, "pero que nos dan una idea de la indefensión que sufren los periodistas en este país". Por todo ello, el ex-redactor jefe de la revista francesa Études orientales cree que es necesario ejercer una presión a nivel internacional para que las fuerzas de la coalición investiguen las muertes de periodistas iraquíes, así como crear un fondo internacional que dé apoyo económico a sus familiares. "Ya que en muchos casos", recalcó Alazawi, "esas muertes condenan a la pobreza a familias enteras".
La cultura iraquí había experimentado un gran desarrollo en las primeras décadas del siglo XX, pero ese auge fue decayendo con la llegada al poder del partido Baas a principios de los años sesenta. Tras el derrocamiento de Sadam Hussein, la situación no ha mejorado, incluso se han vivido episodios lamentables como el saqueo del museo de Bagdad. "Además ahora", advirtió Alazawi, "se están acentuando las diferencias étnicas y religiosas, lo que dificulta cualquier intento de crear una nueva identidad cultural nacional". A la vez, proliferan las iniciativas políticas que pretenden potenciar la creación de identidades culturales excluyentes, recurriendo a criterios geográficos y étnicos (chiíes, suníes, kurdos...). Todo esto, a juicio de Alazawi, sólo contribuye a fomentar el odio y el enfrentamiento entre "los hermanos iraquíes" y pone en riesgo el futuro de la cultura y la identidad nacional de este país del golfo pérsico. "Hasta ahora", aseguró, "la diversidad era una fuente de riquezas y no existían problemas de convivencia entre los ciudadanos de las diferentes etnias (que, por otro lado, están bastante mezcladas). Pero con la ocupación, esa diversidad se ha convertido en una debilidad". En los últimos meses, algunos clérigos y funcionarios cercanos a la cúpula dirigente del actual Ministerio de Cultura (liderado, curiosamente, por el ex-director de una antigua prisión de Sadam Hussein), han llegado incluso a hacer llamamientos para destruir estatuas asirias, caldeas y babilónicas. Frente a esas iniciativas "etnicistas y fundamentalistas", Käis Jewad Alazawi apuesta por la construcción de una nueva identidad cultural nacional que, sin renunciar al laicismo ni al respeto por la diversidad política y confesional, permita alejar tanto el fantasma del baasismo como la amenaza de una "balcanización" de Irak. Pero a pesar de todos los problemas a los que se enfrente actualmente la sociedad iraquí, el autor de La citoyenneté dans un pays multi-ethnique et multi-confessionnel quiso terminar su intervención en el seminario Representaciones árabes contemporáneas. La ecuación iraquí con un mensaje "prudentemente" optimista. "Confío", concluyó Alazawi, "que este escenario de conflicto cambie, que los iraquíes sean capaces de superar la situación dramática que están viviendo y en un futuro no muy lejano, los intelectuales y los periodistas puedan hacer su trabajo con independencia, libertad y seguridad". |