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Resumen de la mesa redonda "Agit-prop: agitación frente a propaganda". Participantes: Carlos Enríquez del Árbol, Miguel Míguez y José Luis García Rua (moderador: Antonio Orihuela)

De izquierda a derecha: José Luis García Rua, Miguel Míguez, Antonio Orihuela y Carlos Enríquez del ÁrbolCarlos Enríquez del Árbol estructuró su intervención en la mesa redonda de la tercera jornada del seminario Medios de masas, multitud y prácticas antagonistas en torno a dos ideas fundamentales: la cultura como lugar de conflicto y el problema de la hegemonía cultural. "Bajo mi punto de vista, señaló, sin hegemonía cultural no es posible ni la hegemonía social, ni la hegemonía política". A su juicio, no entender eso fue uno de los motivos fundamentales de la derrota que sufrió la izquierda antifranquista en su lucha contra el capitalismo durante los primeros años de la transición. Una época en la que grupos de extrema derecha atacaron numerosas librerías, salas de exposiciones y espacios culturales que asociaban con los movimientos de izquierda. Incluso en septiembre de 1977 llegaron a colocar una bomba en la sede de la revista El Papus (matando al portero del edificio, además de causar cuantiosos daños materiales).

En la secuencia inicial de la película Camada negra (1977), de Manuel Gutiérrez Aragón, un grupo de encapuchados asaltan una galería de arte y destrozan algunos de los cuadros expuestos. Cuadros realizados por el Equipo Crónica, colectivo artístico formado por Rafael Solbes y Manuel Valdés que utilizó la estética del arte pop para articular un discurso político muy combativo. Enríquez del Árbol, presidente de ADEM (Asociación de Estudios Marxistas), recordó que las obras de Equipo Crónica plantean un diálogo continuo entre distintos referentes de la historia del arte, el mundo de los carteles y el imaginario político de los años sesenta y setenta.

Carlos Enríquez del ÁrbolEn algunos de sus trabajos más sugerentes, Solbes y Valdés relacionan elementos icónicos pertenecientes a estilos pictóricos y ámbitos plásticos muy alejados entre sí, generando un efecto anacrónico y distanciador de inquietantes connotaciones estéticas. En este sentido, Enríquez del Árbol -que concibe los carteles como la segunda piel de las ciudades- analizó varias obras de este colectivo en las que aparecen fragmentos del Guernica de Picasso junto a reproducciones del Guerrero del Antifaz (un superhéroe de cómic que simboliza valores sociales y políticos muy conservadores): Desde El banquete, que toma como escenario el cuadro San Hugo en el refectorio de Zurbarán, hasta Tiro al blanco, donde las figuras del Guernica se convierten en dianas, pasando por El intruso, en el que aparece el Guerrero del Antifaz destrozando con una espada (igual que los ultras en la película de Gutiérrez Aragón) el emblemático cuadro de Picasso.

A su vez, en La visita, Solbes y Valdés dibujan varias figuras del Guernica tratando de escapar del marco y del espacio expositivo en el que se encuentran enclaustradas. Según Enríquez del Árbol, en estas obras, además de reflexionar sobre los límites de la pintura, se denuncia el lavado de cara que supuso para el régimen franquista (y para sus herederos directos en los primeros años de la transición) el proyecto de repatriar a España el Guernica. No hay que olvidar que el propio Picasso exigió que la pintura sólo regresara a nuestro país cuando hubiera un gobierno democrático que heredase la legitimidad de la II República. En otra de sus series más conocidas, Summa Artis, Equipo Crónica recreó conocidos retratos y autorretratos de la historia del arte introduciendo en ellos algún elemento distorsionador: fusiles, metralletas, pistolas... "En todas estas piezas, concluyó Carlos Enríquez del Árbol, Equipo Crónica planteaba una pregunta que a, día de hoy, continua teniendo plena validez: ¿es el arte un campo de lucha?".

Por su parte, Miguel Míguez, profesor de EARTV, recordó que en 1976, cuando comenzó a trabajar en el mundo audiovisual, algunos militantes de Unión do Povo Galego (UPG) y de otras formaciones políticas de izquierda se plantearon la posibilidad de realizar una película sobre una movilización ciudadana que había en Galicia contra la construcción de una autopista. "El problema era, aseguró, que tras rodar el film, no había forma de hacerlo llegar a la gente, pues la televisión estaba completamente controlada por el Estado y los canales de difusión que se podían utilizar eran muy limitados y precarios. Hay que tener en cuenta que en esa época aún no se habían popularizado los equipos portátiles de grabación y reproducción de vídeos, por lo que la mayor parte de las producciones audiovisuales se seguían realizando en formato cinematográfico (un medio muy costoso y poco manejable).

Miguel MíguezPero ese problema no era exclusivo de Galicia. En los distintos comicios que se llevaron a cabo entre 1977 y 1979 (el referéndum sobre la Constitución de 1978, las elecciones generales de 1977 y de 1979, las elecciones municipales de 1979), el único partido político que tenía capacidad de financiar una campaña publicitaria televisiva era la Unión de Centro Democrático (UCD) que, según Miguel Míguez, "estaba en todas partes porque representaba la continuidad del poder franquista". Un poder que no había reparado en gastos para defender sus tesis en el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política que se celebró en diciembre de 1976, cuando el gobierno convocó a las agencias de publicidad más importantes del país para que cada una de ellas diseñara una campaña diferente. Sin embargo, tanto en éste como en los otros comicios citados, el resto de las formaciones políticas, al no disponer de liquidez económica, tuvieron que renunciar a la propaganda audiovisual o recurrir a productoras modestas cuyos trabajos no pasaban los estándares de calidad técnica que se exigían para poder emitirse por televisión.

A finales de los años setenta, el poder financiero comenzó a ver al PSOE como un partido con capacidad de alcanzar el gobierno, entre otras cosas porque ya se había deshecho de sus símbolos históricos (de manera que se presentaba como un proyecto de futuro), había renunciado públicamente al marxismo y contaba con el apoyo de un grupo de comunicación propio. De este modo, en las elecciones generales de 1982, el partido que lideraba Felipe González dispuso de recursos financieros suficientes para desarrollar una buena campaña publicitaria, lo que contribuyó a que consiguiera una aplastante mayoría absoluta.

En la fase final de su intervención en el seminario Medios de masas, multitud y prácticas antagonistas, Miguel Míguez señaló que desde principios de la década de los noventa se ha producido un paradójico proceso de socialización de los medios audiovisuales. Paradójico porque a pesar de que, hoy día, cualquier persona puede acceder con facilidad a herramientas tecnológicas que permiten realizar producciones audiovisuales de calidad profesional y distribuirlas a través de Internet, los medios de comunicación de masas siguen estando controlados por el poder político (gobierno central, administraciones autonómicas y municipales...) y empresarial (grandes grupos de comunicación). "Además, precisó Miguel Míguez, en una sociedad saturada de imágenes e informaciones como la actual, la única manera de obtener una respuesta del público es mediante la brutalidad, el impacto, la inmediatez". Algo que, a su juicio, han entendido a la perfección los grupos que secuestran y asesinan a ciudadanos occidentales en Irak, cuyos vídeos, de ínfima calidad técnica (e inquietante bajeza moral), están obteniendo una enorme repercusión mediática.

Entre 1973 y 1978, el clima político que vivía España permitía empapelar amplias zonas de Granada con carteles incendiarios que llamaban a la lucha callejera. Algo que, hoy día, es imposible, pues la represión policial ante este tipo de acciones en el espacio público es mucho más contundente. "Eso, aseguró José Luis García Rua en el inicio de su intervención en el Palacio de los Condes de Gabia, debería hacer que nos preguntásemos si realmente vivimos en una democracia y para qué sirvió el tan aclamado consenso de la transición". En este sentido, García Rua, ex-secretario de la CNT, denunció que en una concentración pacífica celebrada recientemente en Granada para protestar por la expulsión de varios trabajadores de los supermercados Mercadona, se presentó un grupo de "antidisturbios" que, de malos modos, intimidó a los manifestantes. "Si la democracia real se computa por la libertad y la soberanía del pueblo, ahora, en España, no hay democracia", añadió.

A su juicio, desde los primeros años de la transición hasta el momento actual, la situación política española ha experimentado un profundo retroceso. La agitación ha sido desactivada, engullida por el aparato mediático y la mayoría de la población siente una desconfianza absoluta hacia los partidos políticos que ya no se perciben como instrumentos para el cambio social. Este escepticismo generalizado conduce a que la abstención sea la opción que más ciudadanos eligen ("votando sin votar") en la mayor parte de las elecciones.

José Luis García RuaCentrándose en el ámbito de los medios de comunicación, García Rua explicó que aunque ha desaparecido la figura del censor externo, existe una férrea autocensura que se imponen, consciente o inconscientemente, los propios periodistas. Sobre todo, por su miedo a "morder la mano que le da de comer". Casi todas las publicaciones independientes de carácter político (no sustentadas por la publicidad comercial) han desaparecido y las que sobreviven, tienen una difusión mínima. "De hecho, recordó García Rua, los periódicos ya no son rentables (por el contrario, suelen ser bastante deficitarios). Y si se siguen publicando es porque juegan un papel fundamental en la construcción de la opinión pública, contribuyendo a configurar la mentalidad de los ciudadanos".

Para José Luis García Rua la "modélica" transición española sólo ha servido para que la élite política y económica del franquismo, convenientemente maquillada y adaptada a las nuevas exigencias del Capital internacional, siga estando presente en las más altas esferas del poder. Es decir, la transición no representó una ruptura real con el régimen franquista, sino una adaptación de éste a las nuevas circunstancias históricas. Curiosamente, si se observa la nomenclatura de la clase política actual, encontramos muchos apellidos que ya formaron parte de los sucesivos gobiernos franquistas."Son los mismos perros, precisó García Rua, pero con distintos collares".

Hay que tener en cuenta que, a lo largo de su historia, el franquismo ha sabido someterse a sucesivos y oportunos cambios de imagen, pero lo que nunca ha abandonado, ni siquiera tras su conversión en una democracia parlamentaria, es su esencia dictatorial y autoritaria. Esos cambios se aprecian de un modo muy elocuente en la filmografía de José Luis Sáenz de Heredia, uno de los directores más apreciados por la cúpula franquista. Si en su primera versión de Raza (rodada en 1941) se exaltaban las virtudes del fascismo, nueve años más tarde realizó un montaje diferente de esa película (que tituló Espíritu de una raza), ofreciendo un discurso mucho más "moderado" y presentando a Franco, no como un héroe fascista, sino como un adalid de los valores occidentales y de la lucha contra el comunismo. Ya en los años sesenta, Sáenz de Heredia filmó Franco, ese hombre, un largometraje donde se describe al dictador como un personaje afable y dulce, un honorable viejecito que acaricia la cabeza de sus nietos y pinta cuadros bucólicos. "Pero lo que no podemos olvidar, señaló García Rua en la fase final de su intervención en el seminario Medios de masas, multitud y prácticas antagonistas, es que ese viejecito honorable murió matando, pues apenas dos meses antes de su fallecimiento ordenó que se fusilarán a varios presos políticos".