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EnglishEl abandono de la ordenación del territorio y de la configuración de los espacios públicos y privados (y/o la confusión de éstos) en manos de un libre mercado profundamente especulador y antidemocrático constituye un fenómeno sin precedentes, que exigiría una respuesta global y cohesionada de poderes públicos y redes ciudadanas, a la vez que pone de manifiesto la debilidad de nuestras herramientas democráticas. La aberración de que el diseño de los espacios en los que trabajamos, vivimos y amamos se entreguen a cambio de migajas al gran capital, con la insuficiencia financiera de las administraciones locales como telón de fondo, sólo ha logrado despertar hasta la fecha erráticas y muy localizadas protestas políticas y sociales, cuando no la complicidad o parálisis de lo público, engatusado en el discurso equívoco del progreso. Dado que los procesos urbanísticos son difícilmente reversibles y que el vínculo calidad de vida / configuración del territorio es innegable, se impone con urgencia la tarea de seguir construyendo un discurso teórico contrario a la ideología hegemónica neoliberal de subcontratar, o externalizar, desde las administraciones el diseño de la sintaxis de nuestras ciudades, y sobre todo se requiere trabar redes democráticas de resistencia, así como de participación en la planificación urbana, con el fin de que puedan oponerse con garantías de éxito, en tiempo real y en pie de igualdad, al gigantesco aparato del capital volátil y especulador. Junto al discurso teórico y a las prácticas antagonistas, y para expandir un debate necesario, ya que lo urbano nos afecta directamente por ser "una forma de vida hecha de sociabilidad", se propone explorar en prácticas artísticas que expongan un discurso crítico no ya sólo en torno a lo urbano, sino también sobre la homogeneización de las pautas culturales así como sobre los modelos que el sistema asigna a la relación cultura-entorno, en un momento en que muchas de las prácticas artísticas miran hacia la naturaleza como algo no interrelacionado con lo público. El medio ambiente está siendo instrumentalizado como lo ha sido y lo es el arte, por ello la combinación arte-naturaleza puede dar juego, y dividendos, a muchos que claramente están haciendo oídos sordos a lo que, ya en los años 60, formuló Robert Smithson: "Cézanne y sus contemporáneos fueron expulsados de su taller por la imagen fotográfica. Competían con la fotografía, y tuvieron que recurrir al motivo. Con la fotografía, la Naturaleza se ha convertido en un concepto imposible". Cada día más, el sistema se alza como protector de las mismas catástrofes que provoca, como baluarte de un ecologismo y una sostenibilidad que, como consideraba Félix Guattari, no puede ser real y efectivo si sólo atiende a los aspectos de deterioro medioambiental, ya que una revolución ecológica sólo puede llevarse a cabo si va unida a una imprescindible revolución cultural y sociopolítica. Consideramos que el diálogo entre disciplinas -como la geografía, la antropología o el urbanismo- puede ser muy útil para contribuir a despojar a las relaciones arte-naturaleza de toda su carga esencialista y a repensarlas en un marco en el que la noción de espacio se entienda como la consideraba Milton Santos, "un conjunto indisoluble de sistemas de objetos y de sistemas de acciones en el que confluyen categorías analíticas como el paisaje, la configuración territorial, la división territorial del trabajo, el espacio producido o productivo, etc.". Y con ello aceptar la invitación de Santos a reflexionar sobre la estructura de las interrelaciones en el espacio geográfico, en el que se sostienen nuevas formas de conflictos, movimientos y decisiones, lo que permite constituir una forma de defensa o resistencia pero al mismo tiempo una forma de incorporación o no segregación. El hecho de que estemos asistiendo a un desplazamiento de los conflictos sociales a los ámbitos locales, así como la constatación de que el tema de la sostenibilidad afecta tanto a los debates sobre el territorio como al medio ambiente, nos ha llevado a estructurar las jornadas Sobre capital y territorio (de la naturaleza del espacio… y del arte) en torno a dos sedes: Tarifa y Sevilla. Las Jornadas de Tarifa, donde se tratarán como casos de estudio algunas actuaciones urbanísticas en la Costa del Sol, la costa almeriense o la comarca del Aljarafe sevillano, tienen como objetivo primero generar reflexión en torno a los urbanismos posibles y a las diversas concepciones de los espacios compartidos desde ópticas muy variadas pero complementarias, como la del análisis teórico o el intercambio de experiencias sobre el activismo en torno al territorio. Como segundo objetivo, adentrarse en el análisis de un planeamiento cada vez más marcado por el urbanismo difuso, por el turismo residencial, por la anulación del transporte público, o por la proliferación de espacios-búnker, producto del urbanismo de la privatización y del miedo. Y finalmente evidenciar cómo este acoso al espacio público está afectando a las formas de socialización, pero, a su vez, está posibilitando el surgimiento de redes de resistencia que emergieron como nuevas prácticas públicas en la década de los 90. La narración de los procesos mencionados y el ámbito de encuentro, se trasladarán en junio a la sede de Sevilla, con el fin de continuar analizando desde la geografía urbana -también desde la sociología, la economía ecológica o el psicoanálisis lacaniano- tanto el paisaje de las nuevas ciudades espectáculo organizadas por los flujos del capital como la huella ecológica. Todo ello con el objetivo de repensar el mundo -un problema filosófico, social y político que puso encima de la mesa el Mayo del 68 y aún hoy sigue vigente- y cruzar, de nuevo, el pensamiento crítico con las prácticas sociales y artísticas, frente al relato del progreso cristalizado como mito, que ya fuera cuestionado por Rachel Carson en su ensayo Primavera silenciosa. Es innegable que la naturaleza, como la cultura, se ha convertido en mercancía, algo que, como expresa David Harvey, requiere un matizado análisis; y que "ninguna alternativa a la forma contemporánea de globalización nos será entregada desde arriba" sino que tendrá que surgir de múltiples espacios locales combinados en un movimiento más amplio que propiciará "espacios de esperanza".
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