siguenos en:

Síguenos en FecebookSíguenos en Twitter

 

Inicio arrow Crí­tica queer arrow Conferencia de Beatriz Suárez Briones: ¿Es la "pluma" un pene metafórico?
Conferencia de Beatriz Suárez Briones: ¿Es la "pluma" un pene metafórico?

Beatriz Suárez BrionesEn los años setenta y ochenta del siglo pasado, muchas lesbianas utilizaban el término "antena" cuando se referían al olfato especial que habían tenido que desarrollar para detectar a otras mujeres de su "condición". Según Beatriz Suárez Briones, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Facultad de Filología y Traducción de la Universidad de Vigo (donde, entre otras cosas, ha impulsado la creación de una Cátedra de Estudios Feministas), gracias a este olfato, las lesbianas han podido "lesbianizar el mundo" -esto es, interpretarlo desde una perspectiva lésbica- y garantizar su supervivencia como "especie" en contextos históricos profundamente homofóbicos.

No hay que olvidar que ante la falta de una tradición clara e inequívoca de objetos culturales que les representen, las lesbianas han construido su imaginario a partir de lecturas "torcidas y oblicuas" de distintas producciones artísticas, literarias o audiovisuales en las que encontraban referentes lésbicos camuflados. De este modo, personajes ambiguos como los que encarnaban Greta Garbo en Cristina de Suecia, Marlene Dietrich en Marruecos, Joan Crawford en Johnny Guitar o, más recientemente, Catherine Deneuve en El Ansia, se convirtieron en auténticos iconos lésbicos. A medida que la visibilidad social de las lesbianas ha aumentado, ese imaginario basado en "lecturas torcidas" se ha ido enriqueciendo con iconos y referentes de procedencias muy distintas, algo que refleja la diversidad de este colectivo. En este sentido, Beatriz Suárez Briones señaló que Mafalda, Lisa Simpson, Bellota (Supernenas) o Vilma (Scooby Doo) han sido algunos de los personajes ficticios femeninos que alumnas y amigas suyas han descrito como sus primeros iconos lésbicos, ya sea por su inteligencia, su independencia o por su falta de interés en las "cosas de niñas".

En el ámbito específico de la literatura, el primer problema al que se enfrenta la crítica lesbiana -cuyos orígenes se remontan a la década de los setenta (aunque a España no llegó hasta los años noventa)- es la propia definición de "escritura lesbiana". "Para intentar responder a la pregunta ¿a qué nos referimos cuando hablamos de literatura lesbiana?", indicó Suárez Briones, "nos centraremos en cada uno de los tres elementos en torno a los que se articula cualquier proceso de producción cultural: emisor-texto-receptor".

+

Utilizando como principal criterio definitorio el emisor, se podría decir que "literatura lesbiana" es la que escriben las lesbianas. Según Suárez Briones, este criterio es muy inconsistente pues hay escritoras lesbianas que jamás han realizado obras desde un enfoque lésbico (Marguerite Yourcenar) y otras que sólo lo han aplicado en algunos de sus trabajos (Ana María Moix). Además, en muchas ocasiones es imposible saber con certeza si una autora es o no es lesbiana, sobre todo en los casos de escritoras anteriores a la segunda mitad del siglo XX. Por otro lado, también habría que preguntarse qué es ser lesbiana, una noción que, en palabras de Suárez Briones, "no remita al ser, sino al estar en el mundo; no es una afirmación ontológica sino pragmática, un modo o una práctica, un estilo (que cualquiera podría adoptar)".

Catherine R. Stimpson considera que lesbiana es aquella "mujer que encuentra a otras mujeres eróticamente atractivas y gratificantes". Según Beatriz Suárez Briones, esta definición -que hace de la experiencia sexual el criterio primario sobre el que basar la identidad lesbiana- debe ser matizada pues no tiene en cuenta el hecho de que a lo largo de la historia, la sexualidad femenina en general y la lesbiana en particular, ha sido fuertemente reprimida, por lo que las mujeres que amaban a otras mujeres se han visto obligadas a idear diferentes formas (más o menos "asexuadas") de canalizar y manifestar ese sentimiento. No hay que olvidar que sólo desde mediados del siglo XX han existido condiciones sociales y culturales que han hecho viable la emergencia de una conciencia comunitaria lesbiana.

Por todo ello, Suárez Briones apuesta por utilizar el concepto de lesbianismo de un modo flexible, concibiéndolo como un "término paraguas" que engloba las distintas formas de homoerotismo femenino que se han desarrollado a lo largo de la historia. En este sentido, coincide con Adrienne Rich en la idea de que se puede hablar de la existencia de un "continuum lesbiano" (esto es, de una continuidad histórica del lesbianismo) que relaciona las diferentes prácticas y estrategias a las que han recurrido las mujeres para expresar su amor por otras mujeres.

Para detectar esas estrategias, la crítica lesbiana lleva a cabo una lectura "oblicua, torcida, sensible a los matices, a los enmascaramientos, a lo no dicho" de los objetos culturales. Lectura que, por ejemplo, propicia que se interpreten en clave lésbica determinados datos de la vida y de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, una escritora mexicana del siglo XVII que se metió a monja para poder ejercer su labor literaria con cierta seguridad y autonomía y que mantuvo una amistad muy "intensa" con la Condesa de Paredes (Virreina de México) a la que, usando la retórica de la literatura cortesana de la época, dedicó versos repletos de metáforas románticas. Versos que en muchos casos evocan un imaginario sadomasoquista, pues hablan de amas, esclavas, premios que son castigos, castigos que son dulces...

Centrándonos en la dimensión estrictamente textual, se podría decir que literatura lesbiana es aquella que cuenta historias de amor entre mujeres (partiendo siempre de la premisa de que ese "amor" se manifiesta de formas muy diferentes), es decir, que "escribe el cuerpo lesbiano". Al hacerlo, según Suárez Briones, pone en cuestión el discurso heterocentrado y homofóbico que ha promovido la cultura patriarcal que se articula en torno a la dicotomía hombre-mujer (masculino-femenino) y que plantea que lo normal (lo natural) es sentir atracción por las personas del sexo "opuesto". En cualquier caso, Briones considera que hay que evitar que esta operación deconstructiva del discurso patriarcal propicie una definición excesivamente cerrada y restrictiva de la identidad lesbiana. Para ello, se debe asumir que, como han señalado las teorías queer, todo proceso de construcción identitaria (incluido, por supuesto, el proceso de construcción de una identidad lesbiana) es siempre fruto de un contexto histórico y simbólico, de la aplicación de un conjunto de dispositivos políticos e ideológicos.

Finalmente, también se puede argumentar que la literatura lesbiana es aquella que se lee como tal, esto es -y aunque parezca una definición tautológica-, que un texto lésbico es el que leemos como un texto lésbico. Si existe un "modo de lectura lesbiano", éste necesariamente tiene que ser aprendido, por lo que, en principio, cualquier persona (hombre o mujer, heterosexual u homosexual...) puede "leer como una lesbiana" (sólo debe aprender a hacerlo). Pero, ¿qué significa leer como una lesbiana? Según Suárez Briones, llevar a cabo una lectura "oblicua, torcida, a contrapelo, sensible a los matices, a los enmascaramientos, a lo no dicho". "Una lectura", añadió, "en la que resuenan las lecturas de todas las lesbianas que nos han precedido (y que han permitido que hoy seamos lo que somos), conectándonos a una especie de cadena invisible que une virtualmente a todas las lesbianas de la historia".

En la fase final de su intervención en el encuentro Crítica queer. Narrativas disidentes e invención de subjetividad, Beatriz Suárez Briones analizó algunos poemas de Cristina Peri Rossi que es, a su juicio, una de las principales representantes de la literatura lesbiana en castellano. En cierta medida, la obra de esta escritora nacida en Montevideo (Uruguay) se puede vincular a lo que Susan Sontag denominó Camp (con su gusto por el artificio, la hipérbole, la ironía, la parodia). Presenta el cuerpo lesbiano como un cuerpo indócil, excesivo, deseante, que transgrede conscientemente las normas de la feminidad canónica y asume la abyección como forma de rebeldía. Al igual que la teoría queer, esta autora describe la feminidad (y la masculinidad) como una simulación y la identidad de género como el efecto de una operación performativa.

Cristina Peri RossiA menudo, Peri Rossi trata de "desdomesticar" el cuerpo femenino asociándolo a imágenes violentas y/o chocantes, como en el poema Filosofía (incluido en el libro Otra vez Eros, 1994): "... Ante la caída internacional del comunismo, el desmoronamiento brusco de tu falda / Ante el proclamado Fin de la Historia, el nacimiento de un nuevo lunarcillo en el hombro / Ante las guerras futuras, el estrabismo voluptuoso de uno de tus ojos / Ante la previsible muerte, la fricción de tu cuerpo desnudo, la humedad de las mucosas, el lamento vulvar". En otras ocasiones, habla de un cuerpo femenino -el de la mujer madura- que ha sido invisibilizado por la cultura patriarcal, mostrando, por ejemplo, cómo se vive la experiencia de envejecer, ser abandonada y seguir siendo una sexagenaria voluptuosa (Habitación de hotel, 2007), algo que, según Suárez Briones, no está haciendo ninguna otra escritora -ni lesbiana ni heterosexual- en el Estado español.

Su poesía -que tiene un fuerte componente narrativo- siempre huye de la autocomplacencia y nos cuenta historias incómodas sobre lesbianas imperfectas que en sus relaciones -eróticas y afectivas- con otras mujeres de su "condición" cometen errores, asumen roles masculinos o confunden la realidad con el deseo. No son, desde luego, personajes modélicos y, con frecuencia, sus ideas y comportamientos contradicen algunos de los presupuestos discursivos del feminismo lesbiano más ortodoxo. De este modo, a lo largo de su carrera -que ya abarca más de cuatro décadas: su primer libro, Viviendo, lo publicó en 1963; y su primer poemario, Evohé, en 1971-, Cristina Peri Rossi ha logrado construir un complejo y poliédrico universo poético en torno a la sexualidad lésbica (sin parangón en la literatura española contemporánea) que se resiste a cualquier intento de instrumentalización normativa. "No sé si su literatura es pre-feminista o post-feminista", concluyó Beatriz Suárez Briones, "pero de lo que sí estoy segura es de que es arte de decir lesbiano, esto es, palabra lesbiana que seduce y que tiene la capacidad de lesbianizar el mundo".