siguenos en:

Síguenos en FecebookSíguenos en Twitter

 

Félix Duque: Apocalypse neither now nor ever

Félix DuqueA juicio de Félix Duque ha sido inútil la pretensión del existencialismo de reconstruir el humanismo herido por una vía voluntarista, traspasando al propio hombre la tarea de "ser él mismo (en vez de Dios) el que se hace". Un hombre que, en palabras de Sartre, ha de "elegir por sí mismo cómo ha de ser él" careciendo en ese proceso de elección de modelos que le sirvan de referencia. Así, frente a la concepción del hombre como sujeto controlador del mundo gracias a la facultad del entendimiento (una concepción que pertenece a la tradición filosófica que parte de Descartes y pasa por Kant), Sartre antepone la facultad de voluntad (querer) como motor de ese control. Pero el problema de este nuevo planteamiento es, según Félix Duque, que si esa voluntad (ese querer) no está prederteminada por algún tipo de elección conduce inevitablemente al extravío y al arbitrio absoluto. "No se puede querer querer", insistió el autor de Filosofía para el fin de los tiempos. Tecnología y apocalipsis.

Para Félix Duque es más razonable aceptar la vía no humanista (que no antihumanista) que parte de la idea de Nietzsche de que el hombre es una "composición de fuerzas" (químicas, biológicas, culturales,...) que le traspasan y le constituyen, pero que apenas puede controlar. Una vía que hace que el hombre "se sepa poseído por algo" que está más allá de su entendimiento y de su voluntad, pero que no necesariamente tiene que ser identificado con Dios o con un ser trascendente. Ese Algo, siguiendo a Heidegger puede identificarse como una "donación de sentido" de la que el hombre tiene que hacerse responsable.

Citando La carta sobre el humanismo de Heidegger, Félix Duque cree que el hombre es algo más que un animal racional y algo menos que el sujeto del idealismo humanista. La clave de su existencia deriva de su condición de "estar arrojado". Una condición ante la que el hombre reacciona, como un "contragolpe", y que según Heidegger, le define no "por ser el señor de lo ente, sino el pastor del ser". Llevando la idea de facticidad de Heidegger a una dimensión más laica, Félix Duque considera que al ser la condición del hombre "estar arrojado", su responsabilidad consiste en recoger esas "posibilidades" que le hacen ser. Es decir, la herencia que el hombre recoge (la donación de sentido de la que tiene que hacerse responsable) se presenta como un "relato o narración que debe aprender a leer y a descifrar, reescribiéndolo constantemente desde una perspectiva personal y no como un peso muerto que tiene que trasmitir tal cual a las generaciones posteriores".

Si Sartre plantea que vivimos en un plano en el cual, por principio, hay hombres y Heidegger postula que vivimos en un plano el cual, por principio, se da el ser, Félix Duque propone una nueva vuelta de tuerca de este planteamiento y afirma que "vivimos en un plano en el cual, por principio, hay narración, hay relato entendido como palabra en el tiempo". Pero el problema de la narración, advirtió Félix Duque, es que tiende a cerrarse en una historia, "como si estuviese recogida en un libro omnicomprensivo en el cual ha sucedido ya todo (esto es lo que Hegel llama "cancelación del tiempo"). Y ese libro, en el que está recopilado y concebido todo el tiempo de los hombres, contendría el final de la historia, el final del tiempo humano. "Un final que supondría, recordó Félix Duque, retornar a una naturaleza absolutamente permeada de lo lógico o, si nos atrevemos a dar un paso más, permeada por lo tecnológico".

Estaríamos, por tanto, ante una idea (esbozada por Hegel) que nos coloca ante una especie de "eutanasia del humanismo". Siguiendo en esta línea en los años 30 del siglo XX el filósofo ruso A. Kojeve abogaba por el final de la Historia y por la necesidad de que el hombre retornara a la naturaleza. "Se trataba, advirtió Félix Duque, de una propuesta de deshumanización mucho mayor que la planteada por Fukuyama". Para Kojove la desaparición del hombre al final de la Historia, no sería una catástrofe cósmica, pues el mundo natural seguiría siendo lo que es; ni tampoco una catástrofe biológica pues el hombre permanecería con su vida animal. Con el sellado de la Historia lo que único que desaparece es el hombre como entidad racional, como acción negadora de lo dado, como error (para Kojeve el hombre es el error que impide que la naturaleza y lo lógico coincidan). Desaparecería el hombre concebido como sujeto opuesto al objeto, como controlador del mundo, ya sea por su entendimiento o por su voluntad.

"Kojeve, subrayó Félix Duque, mantuvo en todo momento una actitud optimista ante esta desaparición, ya que, según él, posibilitaría el "final de las guerras y de las revoluciones sangrantes". Para Félix Duque si se lee entrelíneas las elucubraciones sobre la desaparición del hombre de Hegel y Kojeve, lo que se descubre es un anhelo de pureza, un intento de retorno a una naturaleza rescatada del poder decadente del hombre. Ambos pensadores parten de una concepción del ser humano (con su impulso de conocimiento y de poder) como un error que para ser reparado debe ser sometido a supresión de su propia humanidad y restituido a la naturaleza a través de la lógica (del libro) o de la técnica (de la tecnología).

Félix DuqueSobre la narración del apocalipsis
El pensamiento de Hegel alcanza para Félix Duque su máxima lucidez en los apuntes para su Filosofía del espíritu donde hace una especie de resumen de todo su pensamiento, una gradación que comienza con la lógica en un plano puramente abstracto, se abre a la naturaleza (como universo), se introduce en la Historia de los hombres y culmina en un apocalipsis (quitar el velo, desvelar, en griego), Para que el mensaje apocalíptico de revelación de lo profundo que propone Hegel pueda llevarse a cabo es necesario, indicó Félix Duque, que a través de la Historia Universal "todos y cada uno de los hombres se nieguen a sí mismo para convertirse en mero soportes del espíritu". A través de esta abnegación, el final (el apocalipsis) consiste en que la naturaleza y el espíritu sean un sólo ser.

Para Félix Duque todo esto nos remite a los Evangelios, al momento en que Jesús pide a su Padre que al final de los tiempos "todos sean UNO, a fin de que al igual que el Padre existe en el Hijo, y el Hijo da testimonio del Padre, los Hombres existan en Cristo". Todos los mensajes, todas las narraciones, han de ser disueltos en este UNO. E incluso la forma de trasmitir el mensaje y el propio envío deben decir una sola cosa: UNO. En este punto cobra sentido la enseñanza de San Pablo cuando asegura que no diferencias entre "griegos y judíos, siervos y libres, varones y hembras, porque todos son UNO en Cristo Jesús". Ese UNO, en el que se disuelve toda particularidad, es el camino para llegar al apocalipsis, al momento de la de la separación del velo (de la revelación).

Para Félix Duque, lo que en el fondo plantean los filósofos que reflexionan sobre el discurso apocalíptico (de Hegel a Kojeve, pasando por Nieztsche) es que el fin está cerca. Lo que les diferencia es la posición que adoptan ante la inminencia de ese fin (Kojeve, por ejemplo lo encara con optimismo, como una auténtica liberación), y lo que les asemeja es la búsqueda de una redención de la realidad haciendo cómo si la humanidad ya no existiera. "Por eso, advirtió Félix Duque, todos estos discursos son , en última instancia, falsos, un montaje". Ciertamente si el hombre no reflexiona sobre su posición en el mundo, no logrará sobrevivir, pero lo que estos pensadores realmente plantean es la necesidad de que la humanidad deje de hacerse ilusiones de poder, deje de creerse dueña de su destino.

"Por que el destino, puntualizó Félix Duque, está siempre escrito". La eternidad misma está en el tiempo, es "un antes del tiempo y, por tanto, es ya pasado". En todo mensaje apocalíptico, lo que se presenta como futuro, ya ha ocurrido, ya está escrito. El mensaje apocalíptico está escrito siempre en pasado, y por eso no es posible el apocalipsis now. "El apocalipsis, precisó Félix Duque, ya ha llegado", no hay posibilidad de redención para los hombres, si no una fatalidad que deben aceptar más allá de su entendimiento y de su voluntad.

Apocalypse Now, el discurso apocalíptico en la sociedad del espectáculo
La trama del film Apocalypse Now, de F.F. Coppola, gira en torno a una misión suicida que lleva a un grupo de soldados estadounidenses a las entrañas de la selva (al corazón de las tinieblas) vietnamita para encontrar a un desertor, el coronel Kurtz, que según los informes especiales se ha vuelto loco. Kurtz ha creado en la selva un campo de exterminio (no de concentración) donde siembra arbitrariamente el horror o el favor (como si fuese un Dios antiguo). "Como un Niestche de segunda generación, señaló Félix Duque, Kurtz opone el orden de la crueldad intuitiva-deshumanizada (la madre que devora a sus hijos) al orden de la crueldad racional-humanizada (el orden de la política, de la economía, de la técnica y de la medicina, de la ciencia que creó la Bomba Atómica y el gas Mostaza)". Con su actitud desafiante y su muerte ritual, Kurtz se ha rebelado contra un orden racional cuya máxima perversión después de Auswitch es la conversión de todo (incluso la guerra) en mero espectáculo para ser consumido.

Fotograma del film Apocalypse Now, de F.F. CoppolaSegún Félix Duque, dos décadas después de su estreno el film de Coppola ha adquirido una nueva dimensión. Lo que realmente motivó la guerra del Vietnam (y las posteriores) no fue el interés económico, político o tecnológico, si no encontrar un buen "pretexto para la transmisión de un espectáculo exótico". En la actualidad, la idea de movilización total (todas las energías de un país poniéndose al servicio de la maquinaria de la guerra) se traslada al ámbito del consumo de imágenes violentas. Unas imágenes en las que la realidad queda transfigurada de modo que el telespectador se siente partícipe de los actos de horror y destrucción de unos soldados, que llevan a cabo sus operaciones como si estuviesen manejando un videojuego. En esta perversión del orden simbólico, el enemigo desaparece como tal, es un mero insecto que hay que fumigar.

"Apocalypse Now, señaló Félix Duque, ya planteaba la identificación entre virtualidad y realidad, la fusión entre el mundo y su imagen, la degradación de lo real a un mero material para la producción y difusión de noticias e imágenes". El film de Coppola apuntaba un fenómeno creciente de la sociedad contemporánea: la pérdida del referente externo (del mundo real) para que todo se transforme en texto, en narración. Pero lo más inquietante es que ya no es posible salirse fuera de esos textos para poder comporar lo narrado con la narración. Todos estamos involucrados en la narración, todos somos espectáculo. "Es una intromisión absoluta de lo tecnológico en nuestras vidas, argumentó el autor de La fresca ruina de la tierra, que borra toda realidad externa e interna y nos condena a ser una mera mutilación de múltiples narraciones".

"¿Es entonces posible sostener un discurso apocalíptico en esta época (que algunos llaman posmodernidad), en un mundo donde desaparece lo real y todo se convierte en texto?", se preguntó Félix Duque. El relato apocalíptico es un relato para acabar con todos los relatos, que reniega de sí mismo y destruye por completo todo lo anterior. En vez de justificar la conexión entre remitente y destinatario, el relato apocalíptico se puede describir como una carta que se autodestruye. "Es pura neutralidad, señaló Félix Duque, en la cual todos los circuitos sensoriales quedan reunidos en torno a una pura congelación del tiempo: la escritura". Es un relato que niega, absorbe y mutila todas las narraciones en una sola narración. Hasta el propio texto apocalíptico queda autofagocitado en su propia narración.

"Y cuando somos conscientes de que el relato apocalíptico por su propia naturaleza tiende a la autodestrucción, subrayó Félix Duque, es cuando descubrimos la gran astucia de todo mensaje apocalíptico: se escriben relatos sobre el final del tiempo para que ese final nunca llegue ". El relato apocalíptico es un pretexto para postergar el fin, ya que la narración del fin impide su realización fáctica. "La escritura, aseguró Félix Duque es la última astucia del hombre". Al adelantarse al tiempo final y petrificarlo, el mensaje apocalíptico reniega de su propia condición de mensaje y queda condenado para siempre a no traspasar a todos los hombres, y, por tanto, a no agotarse nunca: Apocalypse neither now nor never (apocalipsis ni ahora ni nunca).

"¿Y cómo se llevan a cabo estas estrategias de presentar el fin de los tiempos para negarlo en los discursos artísticos de la posmodernidad?", se preguntó Félix Duque en el último tramo de su intervención. Según el autor de Arte público y Espacio político estas estrategias han sido recogidas por creadores contemporáneos a modo de propuestas paródicas y paradójicas que dan una nueva vuelta de tuerca a la astucia de hablar del fin con el propósito de postergarlo (en una simulación permanente del apocalipsis para convertirlo en puro espectáculo).

En esta línea se enmarcan los diseños de Centros Comerciales (los nuevos templos de la sociedad del consumo) del grupo , concebidos como espacios que han sobrevivido a una guerra nuclear. La idea es que estos edificios han pasado la prueba de la destrucción masiva, "como si se les dijera a los clientes, matizó Félix Duque, que el apocalipsis ya ha ocurrido, pero que ellos no se han enterado porque les ha pillado comprando". Los clientes (consumidores) están encerrados en una especie de cueva artificial que les aísla del mundo exterior, encadenados a un consumo incesante de productos y noticias. "Propuestas como estas, aseguró Félix Duque, plantean que el apocalipsis ya ha llegado (ya ha sido), pero la protección del propio mensaje apocalíptico (la narración del fin que impide el fin) hace creer a los clientes (espectadores-consumidores) que siguen siendo hombres, cuando se han convertidos en larvas dentro de un sistema paranoico de consumo y destrucción".